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La excusa del sueño americano

Florencia de Mugica / Laura Tablón

CINE y TV

La excusa del sueño americano es, como indica su título, un pretexto; algo necesario para obtener otra cosa. Florencia (protagonista y una de las directoras del proyecto) viaja a Miami a pasar unos días con su madre (Silvana), quien hace veinte años decidió exiliarse en esa ciudad. En el viaje, Florencia intenta entender el motivo de su partida. Empieza indagando acerca del tan mentado “sueño americano”, pero lo que ella cree es que la excusa con que su mamá viajó termina siendo su propio pretexto para reencontrarla: en una de las escenas del comienzo, la protagonista revisa unos papeles entre los que encuentra una carta del presidente Obama felicitando a los nuevos ciudadanos por encarnar la realización del sueño americano. Ella pregunta: “¿Vos sabés mamá lo que dice esta carta?” y sigue: “¿Qué es el sueño americano?”. Silvana responde que no sabe, que en todo caso se tratará de una pesadilla.

En la primera escena escuchamos la grabación de un acto escolar que ambas observan en una computadora. Sin embargo, y al contrario de lo que ocurre en la mayoría de las películas sobre vínculos familiares, aquí no hay nada oculto. No se trata de descubrir nada ni de construir una atmósfera sobre lo no dicho. En cambio, el conflicto se muestra rápidamente. Al final de la escena en que se revisan los papeles de ciudadanía, la protagonista le dice a su madre exactamente lo que piensa de su exilio y, por transición, lo que se propone indagar con este documental. Desde el principio las imágenes descubren cuál es la dinámica de la relación y los obstáculos que existen entre ambas mujeres. Las escenas despliegan un tipo de intimidad que sofoca la pantalla: la cámara se mueve buscando los rostros sin saber del todo en cuál de los dos detenerse; por lo tanto, siempre termina ubicándose en un entre-ellas, en la tensa separación entre las dos. De la misma manera, los diálogos son esquivos y los silencios ocupan el espacio, haciendo al espectador partícipe de esa incomodidad. El vínculo entre ellas aparece limpiamente, como si, de alguna manera, la película fuese un pedido de ayuda que, para hacerse entender, no puede permitirse otra cosa que ser claro. Quizás sea esta franqueza lo que hace de la película algo diferente. La excusa del sueño americano no quiere que seamos solamente testigos o espías del dolor ajeno. Por el contrario, sus imágenes nos involucran y se levantan como si protestasen directamente contra el dolor que exponen. Así, la tristeza no se entiende como lo opuesto a la felicidad ni tampoco se compara el vínculo entre las protagonistas con la forma en que podría haber existido idealmente. La película cuestiona el mandato sobre lo que debería ser un vínculo entre madre e hija, insistiendo en que la felicidad puede no consistir en alcanzar ese ideal, sino en destruirlo.

Aun así, La excusa del sueño americano no es una película triste, o si lo es, no se estanca en una tristeza melancólica o clásica. Prefiere construir un humor inteligente que no sólo evita el golpe bajo, sino que, fundamentalmente, impide que los personajes queden expuestos de manera insalvable. Su humor es simple y aparece en todas las situaciones, como si la vida fluyese siempre a pesar de todo, lo que termina de delinear algo parecido a cierta épica del fracaso, expuesta como gesto revolucionario. Así, nada de lo que se fue a buscar termina realmente de aparecer. Como dicen las protagonistas, el tiempo perdido no se recupera, la juventud no vuelve y el sueño americano no existe. Quizás para ser felices sea necesario destruir enteramente las promesas de este mundo.

 

La excusa del sueño americano (Argentina/Alemania, 2019), guión de Florencia de Mugica, Laura Mara Tablón y Mariapaula Rithner, dirección de Florencia de Mugica y Laura Tablón, 85 minutos.

9 May, 2019
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