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La voz humana

Pedro Almodóvar

CINE y TV

La realización de cortometrajes era hasta ahora para Pedro Almodóvar una estrategia funcional. Las sátiras comerciales que aparecen ya en sus películas más experimentales de los ochenta y cortos narrativos como El amante menguante o La concejala antropófaga eran siempre ancilares a un proyecto mayor y figuraban insertados en un largometraje o relacionados con su argumento. La voz humanaen cambio, es una película integral, de media hora, concebida y exhibida como una unidad independiente. Se puede achacar parcialmente su autonomía a la nueva realidad del streaming, potenciada por las condiciones de reclusión del último año, y especular que a pesar de sus berrinches contra Netflix como presidente del jurado en el Festival de Cannes hace apenas unos años, Almodóvar tampoco trabaja al margen de los nuevos modos de hacer y ver cine. No es que La voz humana, un producto hecho y estrenado en pandemia y la primera experiencia del director en una lengua ajena, estuviera pensada para el streaming de hecho, fue exhibida en proyección en el festival de Venecia y comercialmente en ciertos mercados a partir de la apertura de salas, pero ha sido principalmente a través de las plataformas en línea (HBOMax en Estados Unidos, por ejemplo) como ha alcanzado al público amplio y ha sorteado los desafíos de un verdadero estreno comercial.

Almodóvar se refiere a esta película como “una pieza de cámara”, seguramente en principio por su tamaño, pero la frase se vuelve sugerente en el contexto de la pandemia y con el aire opresivo, de encierro, que domina no sólo el relato, sino también la puesta en escena: la idea inicial parece haber sido la de filmar a una mujer de cara a una pared. Fuera de la breve secuencia en que la protagonista compra un hacha en una ferretería, el resto de la película transcurre en un departamento de colores y decoración “almodovariana” que pronto se revela como un minucioso escenario montado, en un juego de abismamientos, dentro de un set de filmación. A su vez, se cuenta la historia de una mujer encerrada, sola (Tilda Swinton), que espera angustiosamente la llamada y la visita de un amante que la acaba de dejar a quien nunca vemos ni escuchamos—, con la ilusión de que ese último encuentro lo convenza de continuar la relación. Multiplicando el efecto de cajas chinas, la mujer se encuentra “encerrada” en muchos sentidos, y en nuestro contacto con ella durante ese día ficcional la vemos pasar por muchas versiones de sí misma: furiosa, falsamente comprensiva, desesperada; lúcida, vengativa, dopada; con o sin maquillaje; vestida de rojo o de negro; de pantalones o de vestido con miriñaque.

Los frecuentadores del cine de Almodóvar hemos visto a esta mujer muchas veces: en la Carmen Maura de Mujeres al borde de un ataque de nervios, en la Marisa Paredes de La flor de mi secreto, en la Penélope Cruz de Los abrazos rotos. Es que Almodóvar ha vuelto a adaptar su texto fetiche: La voix humaine (1930) de Jean Cocteau, una obra de teatro breve cuyo conflicto central las adaptaciones reproducen, pero a la que cada versión da nuevo aire como pasa con todo texto, o al menos con todo texto clásico. La propuesta de Cocteau habrá sido en su momento brutalmente original en su reproducción de una nueva realidad cotidiana, permitida por una innovación tecnológica: ser testigos de media conversación, la de una mujer sobre el escenario, hablando por teléfono con el amante que la deja. Los espectadores de la puesta original de Cocteau veían y escuchaban lo mismo que nosotros en la versión de Almodóvar: sólo a uno de los interlocutores, sólo sus palabras. Si en los treinta esta escena sería estridentemente “moderna”, en la versión de los ochenta de Almodóvar y Maura se vuelve la metáfora perfecta, en el corazón de la posmodernidad más disfórica, de la incomunicación y la distancia provocada por esa misma tecnología enclenque (recordemos que los teléfonos se rompían y las comunicaciones se cortaban en la película, y sobre todo, que los teléfonos eran no sólo un medio, sino también un lugar). La versión 2020 de Almodóvar y Swinton en un mundo de iphones y airpods, tras la experiencia de reclusión obligatoria y distanciamiento socialparece propugnar que la relación entre tecnología, comunicación y afecto es definitivamente otra, como lo es también nuestra relación con el cine. 

 

La voz humana (España, 2020), guión de Pedro Almodóvar a partir de la obra de Jean Cocteau, dirección de Pedro Almodóvar, 30 minutos.

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