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La ensalada y la historia. Sobre el mediometraje Todos a la vez

DISCUSIÓN

El lunes 13 de julio el crítico de cine Fernando Martín Peña compartió en el canal de YouTube Filmoteca Online un mediometraje inédito de la RCA titulado Todos a la vez.

La película, que tiene 25 minutos de duración, anuncia desde su título la inspiración beatle. Está vagamente organizada a través de una historia de caricaturescos villanos y absurdas aventuras que remite bastante explícitamente a Help!, la segunda película de John, Paul, George y Ringo, dirigida por el genial Richard Lester. Pero el guion de Todos a la vez es, mucho más alevosamente que en este último caso, una mera excusa para introducir las actuaciones de seis populares artistas de la compañía: Palito Ortega, Donald, La Joven Guardia, María Vaner, Litto Nebbia y Almendra.

Todos a la vez es un documento histórico extraordinario. Por muchas razones: por la calidad de la imagen, por el tipo de proyecto (a mitad de camino entre una publicidad y un largometraje), por la forma en que se mantuvo escondido durante cinco décadas y, sobre todas las cosas, porque convoca a repensar la historia de la música argentina.

Desde este punto de vista, parece casi inevitable que la primera reacción sobre la “nueva” película haya sido de sorpresa y risa frente a la diversidad de propuestas musicales que conjuga. ¿Qué tienen que ver Almendra y Donald? ¿Qué hacen juntos María Vaner y La Joven Guardia? ¿A quién se le ocurriría poner un tema de Palito Ortega pegado a otro de Litto Nebbia? En la presentación de la película, Peña expresó muy bien esta sensación: esta película “bizarro musical”, definió, es una de esas “ensaladas que las distribuidoras solían hacer”, “amontonando” a sus artistas sin discriminar “un estilo musical de otro” con el solo fin de promocionarlos.

Los objetivos comerciales de la filmación están fuera de duda. Y, desde ese punto de vista, acaso haya que asumir que esta variedad musical fue algo explícitamente buscado. Es decir, que la “ensalada” no representa un error de criterio sino una estrategia de venta que, por cierto, no era nada nueva para la época (¿te acuerdas del Club del Clan y la sonrisa de Jolly Land?). Puede doler reconocerlo, pero a estas alturas queda claro que “All Together Now” no sólo fue un lindo lema para la contracultura de los sesenta, sino también un bello eslogan de mercado.

Pero, yendo un poco más allá, la pregunta que más vale la pena hacerse ante este descubrimiento cinematográfico es ¿cómo fue posible imaginar este “amontonamiento” musical? Visto en 2020, el mediometraje de la RCA propone un recorrido musical que resulta incoherente, demasiado contrastante, casi ridículo. Sin embargo, la propia existencia de este material sugiere que en 1969 esa combinación no resultaba tan excéntrica o improbable. En ese sentido, nuestra incomodidad frente a esta casi ofensiva mezcla de estilos expresa un cambio profundo al nivel de la percepción.

¿Es posible conocer cómo era esa forma de escucha tan distinta a la nuestra? ¿Cuáles son las fuentes que nos permitirían reconstruir las claves con que la música era decodificada a finales de los sesenta? Se podría plantear que la aparición de esta película hasta hoy inédita habilita a realizar un ejercicio de imaginación histórica: intentar no considerar la trayectoria posterior de los protagonistas y dedicarse a ver estos veinticinco minutos de imágenes y música como si fuera la primera vez. Lo que, a juzgar por la forma en que la noticia de este hallazgo cinematográfico fue (y casi seguro será) anunciada en diferentes medios de comunicación, quiere decir muy puntualmente olvidar por un momento que Almendra fue la primera banda de Luis Alberto Spinetta y uno de los grupos “fundadores” del rock argentino.

Si se acepta el juego, lo primero que habrá que reconocer es que la película tiene una diagramación muy bien calculada. El orden de los factores sí altera el producto, y los productores del film parecen haberlo tenido muy en claro. Palito Ortega canta primero no sólo por su mayor valor de mercado, sino porque aparece lo más distanciado posible de Almendra (que, muy atinadamente, cierra la película cantando su canción “Final”). En el medio, se adivina una estrategia de presentación que evita los grandes saltos. Entre Palito y Donald hay una conexión evidente. Entre Donald y La Joven Guardia, un primer corrimiento (del solista al grupo, de la canción pop estilo norteamericano al sonido merseybeat). Tal vez el momento más “desentonado” de la película sea la entrada tanguera de Maria Vaner (la única artista mujer del film, por cierto). Aunque, en algún sentido, esa sección de la película termina funcionando como un puente entre el tema enérgico de La Joven Guardia y la mucho más melodramática canción “Yo te daré una mano hermano” (digna de Scott Walker) que canta Litto Nebbia. El último paso es tan corto como el primero: después del (por entonces ex) líder de Los Gatos, llega el cierre con Almendra.

En una de las escenas que aparecen hacia el final del mediometraje, todas ellas filmadas en la fábrica de la RCA, los integrantes de La Joven Guardia están sentados en una mesa guardando los discos de vinilo recién manufacturados en sus respectivos sobres. Allí se ve, entre las manos del cantante y guitarrista Roque Narvaja, la contratapa de un long play que se tituló Los mejores de Argentina. El disco, que sólo se editó en algunos países de América Latina (en el cartón se lee la referencia “Río de Janeiro 1969” y en internet está disponible la información sobre una edición ecuatoriana), contenía temas de casi todos los artistas que aparecen en la película. Almendra no participó de esa selección, muy probablemente porque aún tenía muy pocas canciones editadas. Pero eso no significa que sus canciones fueran escuchadas como algo radicalmente diferente a lo que proponían Palito Ortega o La Joven Guardia. La “ensalada” que reúne Todos a la vez no era la excepción, sino la norma de su época.

El reconocimiento de esta distancia histórica entre regímenes de escucha no debería hacernos perder de vista, en cualquier caso, que la mezcla profunda y el amontonamiento sin criterios claros son cada vez más un rasgo de nuestra actualidad musical. Los modos en que el rejunte ocurre hoy son profundamente distintos a los de aquel pasado predigital en el que los discos se vendían y compraban por unidad en las disquerías. Y también parecen cada día más lejanos los tiempos en que las diferencias entre géneros musicales resultaban evidentes y necesarias para la mayoría de los oyentes. Tal vez por ello mismo sea necesario reconocerle a este mediometraje filmado en 1969 cierto carácter anticipatorio (si no ominoso). La distopía que existió alguna vez según la cual las trayectorias de Palito Ortega y Charly García se cruzaban se ha vuelto plena realidad.

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