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Oscar Terán: la historia entre homenaje y exorcismo

DISCUSIÓN

Nuestros años sesentas, de Oscar Terán, no es tan sólo un libro de historia esforzado en recomponer el asunto de su subtítulo: “la formación de una nueva izquierda intelectual argentina, 1955-1966”. Es una obra sustantiva de nuestra cultura. Pero es discutible hasta dónde lo es de la historiografía cultural. Conviene en una serie con textos tan distintos como Influencias filosóficas en la evolución nacional (1936), de Alejandro Korn, o La formación de la conciencia nacional (1960), de Juan José Hernández Arregui. Ayer nomás la editorial Siglo Veintiuno reeditó el libro aparecido originalmente en 1991, con un estudio preliminar del siempre perspicaz Hugo Vezzetti. Consagró así su fortuna en un canon, y yo quiero discutir a qué biblioteca pertenece.

Escrito como argumento de un profesional de la historiografía, Nuestros años sesentas invocó su legitimidad en la página final donde Terán registró los soportes académicos de su confección. Fue una operación exitosa: en el ámbito “histórico” devino un libro “inevitable” para quienes investigan los años sesenta (no leerlo, o más bien no citarlo, excreta al ignorante fuera del Orden Científico). Pero el autor jamás veló los amarres existenciales de su prosa, ni la deuda íntima que lo avasallaba al tema. Lo insólito es que haya circulado durante más de dos décadas como una obra historiográfica destinada a reconstruir un pasado “tal como fue”, esto es, la emergencia de una generación intelectual “radicalizada”, desgarrada entre sus opciones socialistas y peronistas, pero en inexorable deriva hacia un abismo de violencia y sinsentido.

Es asombroso observar hoy cuán singular e intransferible fue su factura, el compás de su escritura, la selectividad de sus referencias. Sobre todo, la ingenuidad de sus lecturas en una academia que hizo del antideterminismo un signo superador de las aporías o estupideces de una puerilidad “setentista”. Para Terán –él lo sabía y eso lo turbaba–, en un principio estaba la conclusión. La Argentina de 1956 contenía in nuce la de 1976. Y no interesa que su narrativa se detuviera en 1966, pues ya en el primer acto las ideas anhelaban una violencia redentora de los dolores entre las filas de ofendidos y humillados. El Terror había capturado, encorvándose en una germinación despiadada, también a la intelectualidad de izquierda.

La inevitabilidad de lo trágico coexistía con la ausencia de complejidad, deconstrucción, no de los textos (Terán fue un lector exquisito), sino de su destino. Y sin embargo, una evidente nostalgia de los entusiasmos juveniles latía en su escritura, amparada en la sed de “esperanza”. Terán osciló entre el homenaje y el exorcismo. Escribió sobre las páginas de su libro que “han tratado posiblemente en vano mantener una distancia pudorosa con acontecimientos y discursos constitutivos de mi propio perfil no sólo intelectual. A ello se debe que, entre el homenaje y el exorcismo, varias veces a lo largo de los últimos años retomara y dejara este ensayo”. Su ambivalencia no hizo sino lanzar una condena todavía más airada al averno subjetivo, político e histórico al cual él mismo creyó haber contribuido con sus ideas, con sus “esperanzas”. Un cuarto de siglo más tarde Terán reiteró el motivo: al mentar los setenta y “la violencia de las ideas”, habló de una “caldera del diablo”.

Vuelvo al libro de Terán como otra cosa que una reconstrucción de “lo que realmente pasó”. Calibro sus recortes, la prelación de “Filosofía y Letras” sobre un mundo complejo en otras sedes de la “izquierda intelectual”, y sobre todo el dolor e incluso la vergüenza por la decepción de la Historia. El tiempo que describió escasea de sociedad, de contingencia, de sentido. Sus referencias documentales fueron adecuadas, precisas, pero el panorama de conjunto no fue “correspondentista” con el pasado. Tramitó un dolor de la memoria, una cicatriz abierta. El libro de Terán –fue su bala de plata– anheló suturarla cosiendo con grampas de tragedia una carne reminiscente que así sólo agravaba su aflicción. Como “historia”, la obra es un jeroglífico. Un clásico de nuestras letras.

 

Oscar Terán, Nuestros años sesentas. La formación de la nueva izquierda intelectual argentina, Siglo Veintiuno, 2013, 288 págs.

13 Jun, 2013
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