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Mi padre y yo

Gonzalo Santos

TEORÍA Y ENSAYO

Enrique Breccia es uno de los más grandes artistas gráficos que dio la Argentina y uno de los mayores historietistas del mundo. Nació, además, en una familia que parece empeñada en demostrar que el talento gráfico es de transmisión genética: hijo de Alberto Breccia, suerte de prócer de la historieta mundial que prácticamente inventó la idea de que el dibujo de las historietas “realistas” (el humor siempre tuvo una libertad gráfica mayor) podía despegarse de la pura obligación icónica. Sus hermanas, Patricia y Cristina, son también dibujantes de primera línea, entre una multitud de Breccias que se han dedicado a la pintura y el dibujo aun sin conocer la herencia de su estirpe.

En Mi padre y yo, Gonzalo Santos reúne cinco largas entrevistas que le hizo a Enrique Breccia en su casa, en un pueblo italiano, más un epílogo basado en unos conmovedores audios que el dibujante le envió después de leer las transcripciones. Aquí, el recorrido autobiográfico es también el de la historieta argentina y europea en ese momento de crisis en que estaba perdiendo su carácter de oficio de la producción cultural masiva y empezaba a coquetear con las “artes mayores” y la posibilidad de que un historietista se defina como autor. A la vez, es un recorrido paralelo a la casi desaparición (y en la Argentina, no es necesario matizar con el “casi”) de la historieta como una rama de la industria del entretenimiento, con sus límites artísticos, pero también con sus relativas seguridades laborales.

De todos modos, el libro no es una curiosidad para fans. Es un logro indudable del autor la capacidad de hacernos oír esa voz conflictiva, contradictoria, reflexiva, violenta y fascinante. La construcción del libro sigue una progresión dramática, mérito del trabajo de edición, pero también de lo que esas entrevistas parecen haber logrado sacar a la luz. Enrique Breccia sufrió todas las desventajas de un figlio d’arte y ninguna de sus facilidades. “Mi viejo era un vampiro”, dice. Durante años, debió publicar historietas bajo el nombre de su cuñado para evitar el apellido paterno, y hasta el día de hoy debe tolerar que cada reseña y cada biografía incluya notas sobre una influencia vivida como un peso. Influencia, además, que a partir de los recuerdos de Enrique pero también de la lectura de sus historietas bien podría considerarse como mutua.

El interés de este testimonio no se limita a la relación con su padre y con el mundo de la historieta. Su historia, en sus años de juventud y formación, no fue menos turbulenta. Peronista católico y nacionalista, Enrique Breccia fue miembro de Tacuara (“servíamos como fuerza de choque. O sea: hacíamos boludeces como ir a cagarnos a trompadas con grupos comunistas”), apoyó a Carlos Menem y asegura que le hubiera gustado estar en la tropa del general Villegas. En mundos culturales dominados por ciertas formas más o menos vagas de izquierdismo (“progre chic”, como define a su padre), es notable encontrar en el libro una mirada respetuosa y atenta sobre ese horizonte ideológico disruptivo. Permite pensar cuánto de aventurerismo y gusto por la violencia hubo en las opciones políticas de los setenta. En ese sentido, no es casual que Enrique Breccia haya forjado una amistad con Rodolfo Galimberti, a quien respeta por su nacionalismo más allá de haber militado en las filas enemigas.

Mi padre y yo es un ajuste de cuentas y una reconciliación tardía y tensa con el propio pasado. Es también una ventana para espiar quién está detrás de algunas de las páginas más poderosamente brutales que haya dado la historieta como lenguaje, y una invitación a buscar o releer un conjunto de obras en las que siempre se descubre, aun cuando dibujara en papel de estraza y hasta despreciando a sus guionistas, un trazo y una visión del mundo.

 

Gonzalo Santos, Mi padre y yo. Conversaciones con Enrique Breccia, Santiago Arcos Editor, 2020, 170 págs.

21 Ene, 2021
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