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Extracción del agua de la niebla

Eduardo Mileo

LITERATURA ARGENTINA

Deleuze destaca como momento crucial del acto pictórico el caos inicial del que emerge la obra de arte. En ese caos, lleno de peligros, tanto el peligro de perderse en lo indiferenciado, el de no poder ir más allá del cliché o lo “ya pintado”, “ya pensado”, como el de no lograr superar la repetición, el artista vislumbra el comienzo mismo del color, o de la luz, o del universo, y en una lucha cuerpo a cuerpo con la materia pictórica, permite que emerja su “diagrama” del mundo. A su vez ese diagrama, con mayor o menor fortuna, será el que el espectador-partícipe pueda captar como marca diferencial de un artista, de una obra.

Exactamente de ese modo, en este libro de Eduardo Mileo, se produce el trabajo, micro y macroscópico, de extraer agua de la niebla, como una condensación que, con carácter de acontecimiento, da cuenta de un momento único en que se cruzan lo impersonal y la implicación subjetiva del creador. Los poemas capturan el momento de soledad inalienable en que el artista se enfrenta a lo pictórico en tanto tal, como pregunta, como imposibilidad, como lucha, y permite que de allí emerja la obra en su singularidad más plena, todo esto al trasluz de una realización siempre breve, neta, de pocas palabras, llevada a cabo sobre la base indudable del corte del verso que extrema el peso de palabra y sintaxis. En la página que se le opone, el libro devuelve, en otro poema, esta vez en prosa, la mirada del espectador, con sus diferencias, de época, de criterio, de vocabulario. Cada cuadro está contenido y a la vez expandido entre estos dos extremos, que operan las variabilidades de forma, de dicción, de visión: allí se abre el espacio de lectura como maravilla de lo que el arte dice y no dice, del cuadro a los poemas, de la teoría a la crítica de arte, sean estas eruditas o salvajes. Habla en ese espacio de lo que se puede y no se puede, de lo que llega al lienzo y a la palabra y lo que queda en el camino, de lo que siempre ha sido preguntado y se ha intentado responder a lo largo de los siglos, de lo que se ha amado, lo que no, y alienta, cada vez, fracaso o logro, detrás de cada intento. Así, Mileo dice, con Goya: “Todo lo que tengo es la realidad. / Y la realidad es / siempre insuficiente”, o asevera, con el observador del Libro de pájaros, de Utamaro: “Los maestros de la tinta tienen en los ojos una delicada verdad”.

El libro recorre el arte desde las cuevas de Altamira a los artistas del siglo XXI, con nombre de autor de un lado y título de la obra de otro, y por eso es una mirada del mundo y de la historia. Pero lo es sobre todo porque no se sitúa, no quiere situarse, como mirada autorizada. Del lado de ninguna verdad, cada poema se deja leer aun en ausencia del cuadro, cada poema vale su peso en lenguaje articulado, y es un recorrido por diferentes paisajes, afectos, visiones. La intensidad de la experiencia es su carnet de entrada. De salida no hay, porque es un libro que se reescribe a sí mismo, y un libro del que uno no quisiera salir nunca.

 

Eduardo Mileo, Extracción del agua de la niebla, Ediciones En Danza, 2018, 474 págs.

9 Ago, 2018
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