Inicio » LITERATURA ARGENTINA » La gran ventana de los sueños

La gran ventana de los sueños

Fogwill

LITERATURA ARGENTINA

Dice Fogwill que no hay sueños inventados en La gran ventana de los sueños, y esta vez uno le cree. Se ha asomado a esos jirones evanescentes de imágenes que apuntó en libretas durante años y los ha convertido en relatos, historias descabelladas que no suceden en ningún tiempo ni lugar y sin embargo son más únicas e inimitables, más realistas incluso, que el resto de sus ficciones. Si es cierto que somos de la misma materia que los sueños y el sueño envuelve nuestra breve vida, tiene su lógica que sea el primer Fogwill sin Fogwill.

Así y todo, quien se asome a La gran ventana hurgando posibles restos diurnos que el soñador transfiguró mientras dormía se sentirá decepcionado. No se trata de una biografía onírica para solaz de lectores perversos y mucho menos de un breviario para el psicoanálisis aplicado. Tampoco, en términos estrictos, de un libro de sueños literario. A Fogwill, maestro vernáculo del realismo, le interesa la naturaleza singularísima de esa materia gaseosa que intentan moldear los relatos, su mezcla indescifrable de memoria y olvido, verdad y simulacro, y sus muchos enigmas: ¿por qué no hay música, ni sensaciones olfativas, ni diálogos en los sueños? ¿Cuánto se evoca y cuánto se inventa en el relato del sueño? ¿El sueño como una vía al fantástico realista? Fogwill sueña que navega solo y sortea bajamares, que Kirchner quiere conocerlo, que fuma con la pipa de su psicoanalista y tiene una garganta erógena, que le presentan a García Márquez y se va sin saludarlo, que es un langostino de tamaño humano. Él mismo interpreta esos relatos pero, antes que con los moldes rígidos del freudismo, los desgrana como materia literaria: los clasifica obsesivamente por géneros (sueños de cementerios, de mar, de retorno al colegio, de terror administrativo), los lee a la luz de su enciclopedia ecléctica (del Dante y Pessoa a Viel Temperley), los analiza lingüísticamente, los compara con la literatura de Aira o de Kafka. El desliz literario no sorprende: para significar “pesadillesco”, nos recuerda, preferimos decir “kafkiano”. Y aunque los relatos de los sueños no se parecen demasiado a sus ficciones, delatan al escritor que hemos leído y al personaje que solía acompañarlo. Fogwill no sueña un avión cualquiera sino un “Beechcraft 280 m anfibio monomotor de cilindros radiales”, les saca jugo sociológico a los sueños con instituciones, sólo registra a las mujeres al costado de los hombres, compite y gana en mejores sueños con Graham Greene y con Sartre, piensa en la futura venta antes de completar el libro: es hiperrealista, sociólogo, misógino, competitivo y cínico hasta cuando duerme. Como en sus mejores ficciones, imagina y piensa al mismo tiempo; cuesta imaginar la literatura argentina sin el acicate lúcido de Fogwill.

Cuando sueña una coreografía macabra de cadáveres que danzan en piletones de mármol en un cementerio arbolado, da escalofríos. Y todavía más en la última nota telegráfica del Hospital Italiano “con el coya carateca con manos de goma y uñas de acero inoxidable”. Fogwill no alcanzó a escribir ese sueño premonitorio.

 

Fogwill, La gran ventana de los sueños, Alfaguara, 2013, 144 págs.

25 Abr, 2013
  • 0

    Lucrecio

    Sergio Raimondi

    Silvio Mattoni
    22 Feb

    Una traducción de poco más de trescientos veinte versos del extenso poema de Lucrecio De rerum natura puede parecer una muestra, una módica selección, pero si la...

  • 0

    Picnolepsia

    Arturo Carrera

    Carlos Surghi
    22 Feb

    A mediados de la década de 2000 la Argentina amaneció cubierta de nieve en su totalidad. El poeta Arturo Carrera, junto con su hija Ana, tomó una...

  • 0

    Un millón de veranos

    Teresa Arijón

    Leandro Llull
    22 Feb

    Con prólogo, selección y entrevista a cargo de Jorge Monteleone, esta antología está orientada a acercar al público la poética de Teresa Arijón. De este modo,...

  • Send this to friend