LITERATURA ARGENTINA

Laguna, primera novela de la poeta y editora Vanina Colagiovanni, aborda la temática de la identidad y la memoria desde una perspectiva que se centra en lo individual pero que, tal vez por compartir generación o por pura sospecha, uno podría pensar también como parte de un complejo de narrativas que incluyen lo social, lo histórico. Despertar a una escena que no se reconoce e intentar rearmar las piezas que el caleidoscopio de autoimágenes fragmenta es, sin dudas, hablar sobre identidad y memoria, tal vez los disparadores absolutos de toda narrativa. Para meterse ahí Colagiovanni arma un personaje versátil al que acompaña con una especie de conciencia distraída y entregada a una marea extraña: nada termina de saberse y la amnesia de la protagonista es una amenaza que no parece suficiente para ahogarla de angustia. Queda claro: el olvido es la condición de una vitalidad, el motor de la búsqueda, el modo en que la tragedia inaugura la conciencia y permite que Nubia, la protagonista, se lance al camino montañoso de su propia vida.

Después de despertarse en una cama que no reconoce, de hablar con un desconocido que se afeita en el baño y que conversa con la familiaridad de los que conviven, Nubia abandona todo y emprende el viaje: primero por el barrio, después por la casa de una tía a la que sí recuerda pero que le ofrece sólo una noche de asilo del que debe salir furtiva porque aparece el hombre de esa casa que no la quiere. Así llega hasta las sierras de Córdoba, a una casa comunitaria, uno de esos refugios con el doble filo de la intemperie, un refugio que aparece liberador pero que impone su propio cautiverio.

Durante el camino, el lector, lo mismo que Nubia, pudo recoger los signos inadvertidos —la fabulación, el desdén familiar, el secreto— de una resolución que va a tener la forma de la epifanía de los sueños y el despertar múltiple que confiere todo final de viaje: el que cuenta Laguna y el que Nubia había empezado sin saber, en la infancia común de muchas mujeres.

Despertar a la ajenidad como provocación inicial y como escena que se repite; memoria e identidad puestas en una demarcación precisa, no es el océano narrativo de una comunidad que busca recordar para afirmarse, es la laguna personal de esta protagonista que, como todos, enmascara sus recuerdos con imágenes de antiguos juguetes que portan claves secretas desde la niñez.

Hay algo de gótico en la idea del que abre los ojos desde la oscuridad, la inconsciencia como condición fundamental para que los personajes despierten a su propia historia. Y no resulta casual la elección de ese inicio en la novela de Colagiovanni, una escritura que parece concentrada en un efecto que atraviesa el libro: las cualidades de la luz, las distintas texturas con las que se encuentra el lector a medida que se interna en la historia y a medida que Nubia abre más los ojos y aumenta el prisma de sí misma para poder desentrañar el pasado y entrañar su verdadera historia. Lo femenino, la incertidumbre que pulsa el camino de la heroína y las distintas gradaciones entre luz y sombra, construyen en Laguna una lírica particular que sigue el decurso de una narración firme que augura a Colagiovanni un futuro también de novelista.

 

Vanina Colagiovanni, Laguna, Bajo la Luna, 2015, 160 págs.

31 Mar, 2016
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