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Libro N° 8: 1970. El mes de las moscas

Mirtha Dermisache / Sergio Chejfec

LITERATURA ARGENTINA

Libro N° 8: 1970. El mes de las moscas es un libro doble: ofrece los grafismos de Mirtha Dermisache en página impar y, en contrapunto, el poema largo de Sergio Chefjec en página par, como una escritura a pedido, y desde su disposición interroga la escritura como tal. Los grafismos y los textos componen un borde entre la palabra y la línea plástica en equilibrio inestable; a partir de ahí la escritura se deshace, y la pregunta por la poesía muestra que lo poético se arma como momento crítico del lenguaje.

Si la escritura, entre el azar y el esfuerzo de una mano que se desliza sobre una hoja y deja marcas, sobreimprime la materia de lo que se dice entre recuerdo y deseo, reescribe, a partir de sus constricciones (ceñida a imitar los grafismos en su modalidad de espaciamiento), un texto narrativo anterior de Chejfec. Es una visita al delta que en lugar de registrar un hecho deja la marca de una inconstancia, en toda su precariedad y necesidad.

La impresión al finalizar la lectura es que lo que creemos la realidad o yo o los libros no son sino eso: un recodo, un punto de sedimentación, entre lo que se ve y lo que no se ve, lo preciso y lo borroso. El trazo, las palabras, pero también lo visto y lo vivido, bajo el modo de la refracción, dan a ver y enrarecen todo: paisaje natural e historia, perfil de una ciudad e imagen proyectada por no se sabe quién, el aire, el río, la travesía, la marca de la flotación, el runrún de una lancha, la horizontalidad en movimiento perpetuo, en una red de líneas de órdenes diversos.

Cada escritura, pero también cada gesto, cada acto de habla, cada intento de fijación del discurso, del espacio, del tiempo, en su feliz fracaso, no hacen sino abrir, como un caleidoscopio, desde la imposibilidad de su saturación, su carácter difuso, y hace de la inscripción sobre lo escrito, grafismo o poema, un mundo nuevo de ene dimensiones: “Dimos vueltas portodos lados. Vimos / trazos defachadas, decrematorios, decallesy cár / celes, deteatros. Unaruina múltipleyescrita, eso / nospareció. Esa naturaleza caligráficapero enun / punto inabarcable delaisla se vio enunmomento, / también, verificada através delavoz deRoxana,”. 

Lo que sea aquello de lo que estemos hablando, se desrealiza entonces, para dejar arabescos o manchas o versiones. Paseo por el delta, excursión con guía discursiva, recorrido de calles, intento de aprehensión de un paisaje, menú a la carta para el almuerzo, conversación ocasional: cada uno un mundo hecho de otros mundos, cada uno una inscripción abigarrada hecha de átomos de escrituras, de capas geológicas de grafismos, símbolos, sentidos, que se mueven en torbellino o se aposentan para decir: esta es la incertidumbre que habitamos o nos habita, y en este lugar mínimo, en este estar y no estar como en medio de un enjambre de moscas alegres y luminosas, en el súbito cambio de la dirección, en el murmullo indistinguible de los roces de las alas, en la miríada de visiones simultáneas de los ocelos, una mano raspa con un lápiz un papel y deja su rastro, no como certeza, mucho menos imprecación. Sin queja ni descontento, una mano deja un rastro como testimonio mínimo de vida material, en el mes de las moscas, para asombro y placer.

Mirtha Dermisache y Sergio Chejfec, Libro N° 8: 1970. El mes de las moscas, N direcciones, 2019, sin numeración de páginas.

26 Dic, 2019
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