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Lo que está y no se usa nos fulminará

Patricio Pron

LITERATURA ARGENTINA

E.M. Forster, en Aspectos de la novela, imaginó una escena de escritura en la que los novelistas de distintas épocas escribían al mismo tiempo en la mesa de una biblioteca con toda la literatura a su disposición. Según propone Ricardo Piglia en El último lector, esa idea se enfrentaría a las de progreso, linealidad y jerarquía literarias. Algo de aquella imagen y de esta hipótesis parece acompañar a Lo que está y no se usa nos fulminará. El título, ya una apropiación, con toda su mística fértil y progenitora, sobresale como una suerte de mandamiento para que de allí en más se aúpen insumos de las más variadas procedencias y matices —otros cuentos, más canciones, atmósferas y hasta la inestimable presencia de Mao, un gato— y se los vuelva narrativa. Puesto a experimentar con su biblioteca, Pron corta, copia, mezcla, imagina, ensaya, tantea; el resultado es una colección de cuentos impresionante. La distancia de la tercera persona; las iniciales vacías que denominan a algunos personajes; el inglés, el portugués, el español neutro o ligeramente peninsular; la especulación perceptiva acerca de qué es lo que se ve, lo que se oye o lo que se vive; los “espasmos del tiempo” que articulan verbos presentes y futuros como si fueran pasado —el modo predominante es una suerte de subjuntivo, como si los relatos reivindicaran para sí un permanente estado conjetural— son como módulos que van ensamblándose al compás de un plan exacto, sabiamente orientado a la consecución de un efecto. Todo lo dicho y sugerido aquí, tan cerca de lo humano, parece suceder en otra parte. Su forma, trabajada y puesta en tensión contra la más o menos estereotipada forma del cuento, exhibe un hervidero de habilidades. Digresiones, paréntesis sucesivos que introducen aclaraciones de aclaraciones, un cuento hecho de dos epígrafes y notas al pie: el catálogo es muy generoso. Pero esta visión anatómica parece la exhumación de un cuerpo muerto. Error. El resultado de toda aquella pericia y ordenación es de una calidez emotiva asombrosa, capaz de generarnos una profunda empatía por los personajes y sus circunstancias. El frondoso “Salon des Refusés”, cuyos permanentes desvíos entre vida narrada y vida vivida van modificando la mínima anécdota; el lirismo trágico con que el personaje de “Oh, invierno, sé benigno” responde un cuestionario de visado e ingreso a Estados Unidos, como si debiera dejar atrás una pesadísima mochila de remordimientos filiales, históricos y políticos antes de conseguir su tarjeta verde; y esa maravilla narrativa que es “La repetición” son como escenarios en donde aquellos engranajes formales trasmutan en emociones. Inquietud, añoranza, congoja: este otro catálogo marcadamente blue también impresiona por su vivacidad y por el hecho de ser evocado por el lenguaje. “Un divorcio de 1974” es uno de los mejores cuentos escritos sobre la militancia política de aquellos años, y acaso lo sea por la tensión entre la posibilidad del amor, la acción revolucionaria que los tiempos les imponen tanto a “él” como a “ella”, el ritmo de thriller y el desapego y la mirada crítica con que “un hijo de ambos” cuenta la historia. Sin pudor y con maestría, como el músico que ensaya una y otra vez “Like a Rolling Stone” para versionarla y de ese modo mejorar el original, Pron ha revisitado el cuento, su biblioteca, la Historia, y ha hecho con ello este libro magnífico.

 

Patricio Pron, Lo que está y no se usa nos fulminará, Literatura Random House, 2018, 176 págs.

 

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