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Modos de ir

Gabriela Franco

LITERATURA ARGENTINA

¿Cómo lidiar con el dolor cuando persiste con su recurrencia y permea cada imagen que viene del mundo? ¿Qué hacer cuando la pérdida, la ausencia de personas cercanas deja esa estela brumosa  o tironea hacia un pozo, especie de fosa común? Sin ninguna historia narrada, con reticentes alusiones, Gabriela Franco escribe estos poemas en la fragilidad emocional que conllevan preguntas como esas. Su respuesta son tres series de poemas sostenidos en la exactitud de las palabras, en su gramática y su ritmo ajustado, en una construcción formal carente de signos de puntuación pero perfectamente puntuada y despojada de adjetivación doliente. Recursos que dentro de esa órbita de la falta transmiten fortaleza, una disposición a sostenerse entre las cosas y los seres próximos. “Decir adiós / un modo de ir” es la frase de uno de los poemas que reaparece en el título del libro y podría resumir el movimiento del yo poético a través de cada uno de los textos. «Principio de incertidumbre”, “Caligrafía del corte” y “Acorde menor” son los significativos títulos de las subdivisiones de este libro, que gira en torno a una zona de catástrofe personal, ubicada sin anécdota confesional ni catarsis, sino recorrida en sus efectos subjetivos. Frente a ella, el yo desgaja frases de recomposición: “la sucesión de los días / contradice el fin / es resistencia”, o más adelante, al afirmar: “acontecer es deseable”. La tentativa consiste en construir el presente y hacer del pasado algo más convivible. En uno de los poemas, el mínimo apoyo se encuentra en una voz: “tu voz traza una habitación / una palabra como una casa / un lugar para descargar lo que pesa”. El camino reconstructivo queda metaforizado con el “punto atrás” de la costura que, tal como observa la poeta, “avanza retrocediendo”, y es así como visualiza el trabajo de la memoria atada al presente.

Por momentos, su escritura recuerda los primeros libros de Alejandra Pizarnik, los poemas más breves y contenidos, no así la Pizarnik que luego desplegaría las escenas más literarias, surrealistas del dolor, como en Extracción de la piedra de locura o El infierno musical. Al mismo tiempo, aunque en pequeñas dosis, hay un movimiento contrapuesto, algo de la fuerza capaz de desalojar “tonos tristes”, un gesto más a lo Blanca Varela, destemplado de lo esperable, como cuando adjetiva a la rosa en su ”detestable perfección”. Gabriela Franco dice: “En procura del aire / la luz / busca el tallo / se adelgaza en dendritas / que flotan a la deriva del árbol familiar // si germina / casi siempre / es flor carnívora”. Una combinación de uno y otro gesto, que se origina entre un ánimo soliviantado y un impulso más fuerte de desprendimiento. La combinatoria podría contrastarse con la poesía que en los años noventa caracterizaba a las jóvenes de entonces, sus contemporáneas, aunque aquí no hay ningún diálogo con la frivolidad ni para darla vuelta ni para tomarla como ámbito. Ninguno de aquellos referentes característicos. La de Franco es una poesía ensimismada, en un tránsito difícil que obliga a caminar por las cornisas donde, más que producir al yo, hay que ponerlo a prueba.

 

Gabriela Franco, Modos de ir, Ediciones en Danza, 2013, 84 págs.

19 Jun, 2014
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