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Las sillas están donde la gente va

Misha Glouberman / Sheila Heti

OTRAS LITERATURAS

Este artefacto-libro, invocado por la escritora canadiense Sheila Heti cumpliendo el múltiple rol de médium, entrevistadora y editora, funciona como una miscelánea enciclopédica, una cajita musical asonante donde Misha Glouberman, animador, performer, profesor, conferencista y amigo de la propia Heti, comparte sus dilemas morales, sus dudas vocacionales, sus reflexiones sobre las variopintas actividades que organiza, así como sus puntos de vista acerca de la convivencia y los hábitos sociales en la ciudad, promulgando una bonachona ética urbana. Glouberman ha organizado conferencias con gente que no es especialista en nada (en el ciclo Trampoline Hall, con el que Heti también contribuyó), dicta clases de teatro para no actores y reúne a grupos de individuos para que hagan música atonal ruidosa en un taller con un nombre disparatado: “Ruidos espantosos para gente maravillosa”. Su voz aborda temas muy diversos, al tiempo que nos envuelve con su musiquita interior y nos lleva de la mano en busca de la honestidad con uno mismo. Sobre todo, en la sección titulada “Las decisiones se crean”, cuando aconseja cómo tomar partido por las actividades que nos hacen felices, aprendiendo a convivir con la incertidumbre y contagiando un vitalismo para nada hedonista. Es allí donde este libro se distancia del exhibicionismo biográfico y la autocomplacencia warholiana del libro anterior de Heti, ¿Cómo debería ser una persona? (2010). Imposible quedarse dormido mientras Sheila cuenta lo cool que son sus amigos cuando compiten para ver quién pinta el cuadro más feo. El particularísimo interés de Glouberman por las dinámicas de grupo, la interacción y la  improvisación participativa, su constante reflexión sobre los diferentes juegos colectivos que coordina (como las charadas o el galimatías) y su preocupación por enfocarse en los procesos más que en los objetivos de estas actividades grupales manifiestan una resistencia ideológica cercana a cierto situacionismo epigonal. En este sentido, podemos entender la insistente crítica a la gentrificación de su barrio en Toronto, la confianza en el asociacionismo vecinal, así como la afilada reflexión sobre su experiencia universitaria en Harvard y el elitismo meritocrático. Al igual que Te elige (2011), donde Miranda July —una de las pocas contemporáneas que puede exhibir sin ruborizarse la etiqueta de “artista total” — exponía la procrastinación constante como una actividad con productivos efectos colaterales en su obra, a la vez que exponía un mapa desolador de la desconexión social y la soledad en la ciudad de Los Ángeles, este libro contribuye a abrir un nuevo y sinuoso camino en el género de la no ficción. A través de la biografía y la autoayuda, la convivencia con incertidumbre se recomienda como un motor indispensable de nuestras vidas.

 

Misha Glouberman y Sheila Heti, Las sillas están donde la gente va. Cómo vivir, trabajar y jugar en la ciudad, traducción de Ricardo García Pérez, Alpha Decay, 2014, 232 págs.

19 Jun, 2014
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