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Ruidos molestos

Cristian Godoy

LITERATURA ARGENTINA

“No íbamos porque no íbamos”, dice un personaje cuando explica por qué no van al cine. La frase condensa la sensación que producen los cuentos de Ruidos molestos. Las causas, si existen, son desconocidas. En todo caso, los secretos, la cobardía, la pena, la curiosidad son los motores de estas narraciones que revuelven el absurdo de las vidas urbanas, heridas por los buenos modales. El desequilibrio es menos un detonante que un horizonte. Cada una de estas sutiles piezas narrativas desarrolla una tensión diferente a la de muchos relatos contemporáneos, inscriptos en cierta tradición fantástica. En Ruidos molestos las cosas suceden porque suceden, porque la realidad abunda en fenómenos extraños y el realismo puede abrazar lo inmotivado y lo inexplicable. No se trata de narrar por narrar, sino de construir relatos cuyo sentido es acumulativo. Cuando en ciertos cuentos prima el efecto, el cross a la mandíbula, los relatos de Ruidos molestos desmontan toda expectativa. Los cuentos de Godoy producen un efecto diferido. Se trata de situaciones en apariencia comunes, cotidianas, anodinas. En un acto, la escuela recibe un visitante impredecible; unos chicos observan a una mujer tendida de espaldas en la terraza y suponen una muerte o un desmayo; un narrador tiene un incómodo reencuentro con el abuelo de una amiga; una secretaria perfecta, contra toda expectativa, se rinde a un deseo corrosivo; los ruidos que llegan de la casa de al lado invierten los pronósticos de los protagonistas. Historias que revelan que lo insignificante es una fantasía, porque todo, bajo la mirada del narrador, es extraño, epifánico o terrible. Godoy exhibe una capacidad de observación que se afila con cada relato. El idioma de estos cuentos busca aplanarse, borrar todo relieve, toda marca de estilo, en sintonía con las historias que trama. La acumulación de leves incomodidades por las que nos va llevando el libro desemboca y se condensa en el último cuento, que da título al libro y que funciona como perfecto cierre de la serie: un cuento que pone de manifiesto que el sentido está siempre desplazado. Los ruidos molestos, parece decir, no vienen nunca de la casa de al lado. Suben desde muy adentro.

 

Cristian Godoy, Ruidos molestos, Conejos, 2016, 114 págs.

6 Oct, 2016
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