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MÚSICA

El paralelo 33° atraviesa el norte de África, Asia, América del Norte, el Océano Pacífico y el Océano Atlántico. Los percusionistas Pablo La Porta, Fabián Keoroglanian, Marcos Cabezaz y Martín Diez eligieron llamarse así para darle un sentido programático a esa línea imaginaria: la de cruzar escenas, repertorios, prácticas, con la enorme soltura que les permite su condición de virtuosos músicos académicos y populares. Le ha tocado a Astor Piazzolla pasar por el meridiano que despliega el cuarteto. Hora cero, una producción autogestionada que distribuye el Club del Disco, es un regalo que se agradece, y mucho, en tiempos pandémicos y de repeticiones.

Llamar al disco con el título de una de las piezas claves de Astor no es cuestión menor. Desde su llegada de París, en 1956, el bandoneonista trató de fijar un nuevo punto de inicio para el tango: esa hora inicial era una refundación. El tema formó parte de Tango para una ciudad, uno de las proezas del primer quinteto, de 1963.

Casi sesenta años después, Paralelo 33° acepta el desafío de imaginar otra escena, otra ciudad (que ya no es moderna) y otra materialidad para el repertorio de Piazzolla. Digo “desafío” porque el disco se separa por completo de la sonoridad histórica; la formación tradicional (bandoneón, piano, violín, contrabajo y guitarra) cede al babélico arsenal percusivo del cuarteto: hay parches, claro, están las placas, la marimba y el vibráfono, encargados del sostén armónico y melódico, pero también se escuchan gongs, steel drum, la güira dominicana, la quijada de burro y el reco reco, a veces como sustitutos de la “chicharra” (como se conocía el sonido de la cuerda raspada en un pequeño violín), que fue marca identitaria de Astor. La apertura material de ninguna manera es una concesión o un regodeo con la World Music o cualquier forma de exotismo global. Todo lo contrario: las lecturas que ha hecho Paralelo 33° de algunas piezas canónicas (“Fuga y misterio”, “Escualo”, “Libertango” y la “Milonga del ángel”, por ejemplo) son de una frondosa imaginación orquestal que preserva el aliento rítmico del quinteto, su marca registrada. Keoroglanian, especialmente, y Laporta fueron los responsables de los arreglos.

Salvo en los tiempos del octeto y sus años italianos, Piazzolla prescindió de la batería. La música del quinteto era tan filosa y acentuada que podía prescindir de los instrumentos no tónicos. Paralelo 33° invierte la operación y sale más que airoso ya desde el primer corte, “New Tango”, que había sido fruto de la colaboración entre el marplatense y el vibrafonista norteamericano Gary Burton. Y es ahí donde cobra importancia especial el verbo que explica el subtítulo del disco: el cuarteto “interpreta”, es decir, es fiel, de un modo original, al contenido original del objeto interpretado, pero para abrirse a otras poderosas posibilidades.

Piazzolla fue un gran traductor. Qué otra cosa fue el bandoneón, su instrumento, una suerte de ágora de numerosos nombres propios ajenos al tango: de Bach a Bartók, del cool jazz a Stravinsky y Keith Emerson. “Ninguna traducción sería posible si su aspiración suprema fuera la semejanza con el original”, decía Benjamin en “La tarea del traductor”. La traducción era para él, ante todo, una forma. Para comprenderla, había que volver a su punto de partida y así encontrar en la lengua que traduce una actitud que pueda despertar un “eco” del original. Piazzolla, el traductor, es traducido por Paralelo 33° con refinamiento, desfachatez y, ante todo, un enorme amor por esa música que ya se ha tocado en vivo antes del confinamiento y que encuentra su verdadera dimensión sobre un escenario. El cuarteto es una poderosa máquina cinética y su lugar natural es el escenario. Ya lo han demostrado con sus apropiaciones de Frank Zappa (“Black Page”), Thelonious Monk y hasta Juan Sebastián.

En el último tema, el cuarteto deviene quinteto y quien se integra es nada menos que Pipi Piazzolla, un baterista que no necesita invocar su abolengo para sobresalir. Se suma en “Libertango”, para crear a su vez puentes entre el pasado y un presente del ilustre apellido que todavía quiere prometer atisbos de futuro.

 

Paralelo 33°, Hora cero. Paralelo 33° interpreta a Piazzolla, edición de autor, 2021.

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