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Crónica de mi familia

Vasco Pratolini

OTRAS LITERATURAS

La editorial Tusquets acaba de lanzar la colección Rara Avis, dirigida por Juan Forn y orientada a títulos difíciles de etiquetar en un género, a joyas literarias olvidadas, como es el caso de Crónica de mi familia, de Vasco Pratolini, que la inaugura.

Hoy pocos recuerdan a Pratolini, uno de los representantes del neorrealismo italiano, más conocido por haber hecho el guion del film Rocco y sus hermanos (1960), quien, además de documentar la injusticia social y los nefastos efectos de la Segunda Guerra Mundial, exploró la relación entre el presente y el pasado, las contradicciones de la realidad. Afirmaba Pratolini que siempre escribió el mismo libro aunque desde ángulos distintos.

Crónica de mi familia es una narración autobiográfica —adelantada a la moda de la autoficción y que, por su carácter de testimonio, no conseguía editor interesado—; una bellísima carta del autor a su hermano, una historia de soledad, carencia, descubrimiento y unión, que permea el fascismo sin mencionarlo, con un acendrado lirismo. Cuenta la relación afectiva de Pratolini con su hermano Dante, de quien fue separado al morir la madre. El futuro autor, entonces un niño de cinco años, continuó viviendo con su familia, pero como el padre estaba en la guerra y volvió a casarse al regresar del frente, su abuela se hizo cargo de él aunque no de Dante, de solo veinticinco días de edad, porque era demasiado pobre para criar dos nietos. La belleza del bebé, rubio y de ojos celestes, atrajo al mayordomo de un aristócrata inglés, que lo rebautizó Ferrucio y lo llevó con él a la señorial Villa Rossa.

El “tú” al que se dirige el narrador estructura el texto, dividido en tres partes, y fija su pulso. En la primera, el hermano mayor y la abuela visitan al menor durante los quince minutos semanales que tienen permitidos. La extrañeza ante esa “caja de cristal” en la que vive y el silencio de la mansión —porque el sir inglés no puede ser perturbado— se expresan en la morosidad que Pratolini dedica a los pequeños detalles.

La segunda parte refiere la juventud de los hermanos, que se reencuentran en Florencia después de ocho años. Para ambos la abuela representa la perspectiva de “familia”, por lo que Dante se acerca a ella para saber sobre su madre muerta y acaso aplacar con esas respuestas el aislamiento de su vida con el mayordomo. Ha quedado solo con su “protector”, ahora empobrecido, en una habitación alquilada y decorada con reliquias de la Villa Rossa. Es un joven frágil, incapaz de afrontar las adversidades, educado en una “cárcel de afectos” de la que solo podrá evadirse con una enfermedad desconocida que le provoca la muerte.

En la tercera parte la narración se acelera y desespera. A los hermanos los une la ausencia de la madre y la fuerte sensación de soledad, simbolizada en la mermelada de naranja que pide el moribundo Dante, la misma que ambos compartieran en las cortas visitas a la villa.

Al epígrafe de Foscolo —“Sobre tu tierna juventud cortada en su esplendor”— lo continúan la advertencia del autor de que el libro no es ficticio y un prólogo de Juan Forn que elogia la exquisitez de la escritura y la potencia emocional de la carta. La traducción de Héctor Álvarez —de la primera edición de Emecé, revisada por Forn— es impecable y vence la dificultad sonora del “tú” que el texto reitera.

 

Vasco Pratolini, Crónica de mi familia, traducción de Héctor Álvarez, Tusquets, 2017, 176 págs.

23 Nov, 2017
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