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El gueto interior

Santiago H. Amigorena

OTRAS LITERATURAS

Entre los predicamentos que persiguen a los autores, hay uno que encuentra su génesis en la lengua que eligen para expresarse, es decir, en la relación que establecen con una lengua (siempre en tensión y que parte de conflictos irresueltos) en simultáneo con su autoafirmación. Una de las preocupaciones de Santiago H. Amigorena (Buenos Aires, 1962) pasa por saberse escritor francés (nunca escribió en otra lengua) y a la vez reconocer su herencia argentina. Otra preocupación (capital en su obra) tiene que ver con el silencio o, a decir verdad, con algo más que el silencio: la voluntad por el dejar de actuar, por detenerse frente al flujo de acontecimientos y desde allí disparar preguntas que quizás (y por suerte) no encuentren respuesta alguna.

En El gueto interior le toca el turno a su abuelo Vicente Rosenberg, joven promesa que parte de Polonia hacia la Argentina antes de la Segunda Guerra Mundial. Vicente logra instalarse con cierta comodidad, forma una familia y puede sentirse, al fin, argentino. Pero, como muchas de las promesas, la de Vicente (o Wicenty, como lo llama su madre) no llega a cumplirse del todo porque hay un resto, un desperfecto que tienta con desestabilizar el arco de sus afinidades y certezas: su madre y su hermano se encuentran cada vez más cerca de fenecer en el gueto de Varsovia.

A través de una correspondencia siempre demorada, propia de los años de la guerra, Vicente no sólo va a descubrir que las esperanzas de volver a ver a su familia con vida se vuelven truncas, va a confirmar además que aquello que consideraba más sólido en él (su identidad y valores) se confunde, se invisibiliza, casi que desaparece. De ahí en más, la novela muestra la caída a los abismos de una subjetividad en la cual el autor se apoya para formular preguntas que hoy siguen estando vigentes: “¿Qué nos hace una cosa antes que otra? ¿Qué hace que a veces digamos que somos judíos, argentinos, polacos, franceses, ingleses, abogados, médicos, profesores, cantantes de tango o jugadores de fútbol? ¿Qué hace que a veces hablemos de nosotros mismos tan seguros de que somos una sola cosa, una cosa simple, fija, inmutable, una cosa que podemos conocer y definir con una sola palabra?”.

Amén del buen tino que Amigorena tiene para las preguntas, hay que decir que en su totalidad la novela no presenta la potencia narrativa de El primer amor o La primera derrota (aún no traducidas al castellano). Los puntos más altos aparecen cuando el autor habla de sus experiencias, pero parece costarle más trabajar sobre otros (como su abuelo Vicente) y, en el caso particular de El gueto interior, existe una sobreabundancia de datos sobre la Shoah que, en vez de aportar densidad a la trama, sólo la enlentecen.

El propio Amigorena explica que esta novela da el puntapié inicial a su proyecto literario (“un [solo] libro para combatir el silencio que me sofoca después de haber nacido”); quizás con el resto de la obra podamos acceder a su preocupación formal por fundir obra y vida (como si se tratase de superposiciones múltiples o de un collage), en la que se edifica un tipo de literatura introspectiva, expansiva y mutante.

 

Santiago H. Amigorena, El gueto interior, traducción de Martín Caparrós, Literatura Random House, 2020, 160 págs.

17 Sep, 2020
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