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¿Hay alguien ahí?

Peter Orner

OTRAS LITERATURAS

Se puede vivir leyendo. Se puede crecer, viajar, amar, enemistarse a muerte, tener hijos y envejecer mientras se anda perdido por el mundo inmaterial de la lectura. De esa convivencia líquida entre ficción y vigilia surgen los ensayos narrativos que integran ¿Hay alguien ahí?

El libro de Peter Orner está dedicado casi exclusivamente al género cuento, aunque con algunas restricciones: casi todos los textos desglosados son realistas —la excepción es “El capote” de Gogol, cuyo desenlace fantástico ha sido puesto en duda en varios estudios críticos— y casi todos responden a los manuales de un realismo “a la americana” —que antes fue “a la rusa” y antes de eso “a la francesa”, y que ya es una forma planetaria, pero se entiende el punto: cuentos donde la precisión estilística y la economía del lenguaje se conjugan con anécdotas de trabajadores solitarios, familias quebradas, matrimonios en declive y demás intimidades—.

Con dosis parejas de humor y patetismo, Orner persigue en la lectura las explicaciones que la vida le retacea. A medida que la narración avanza, nos vamos enterando de divorcios, relaciones conflictivas, rispideces atávicas con un padre iracundo y ya muerto. Cada infortunio personal viene acompañado del análisis de un cuento de Welty, de Babel, de Gallant, de Rulfo, y el resultado termina siendo tan conmovedor como estético. O mejor dicho: estéticamente conmovedor. En el capítulo dedicado a la visita a su ex mujer en el manicomio donde está internada —por mencionar uno de los pasajes más logrados del conjunto—, Orner desnuda a dos personas que también son, en el fondo, dos personajes. Se trata de un momento doloroso y vivencial, pero la atención al detalle —y en consecuencia a todo lo que queda sin decir— nos advierte que también estamos frente a un cuento solapado.

El libro quizás flaquea cuando abre debates para los que su prosa no parece estar llamada. Las discrepancias entre cuento y novela que Orner salpica acá y allá son de orden primario, además de discutibles, lo mismo que la denuncia de una supuesta condescendencia para con el realismo. ¿Hay alguien ahí? no es una obra “peligrosa” en el sentido teórico ni contiene ideas nuevas o radicales sobre literatura. Su mérito es más bien el muestreo empático de unas pasiones seleccionadas para exorcizar las frustraciones y los arrepentimientos privados.

En alguna parte el autor dice renegar de la concepción de la literatura como un alivio que permite soportar los dramas propios a fuerza de encontrarlos, duplicados y universales, en el libro que se está leyendo. Más adelante, mientras desmonta un relato de Richard Bausch, agrega lo siguiente: “De alguna manera extraña, el cuento se siente como el mundo. Lo que quiero decir es que el cuento trata sobre cómo es estar vivo, y una manera de estar vivo es permanecer en una quietud impotente, sin poder proteger a aquellos que amamos de las crueldades cotidianas que ofrece la vida”. No hay contradicción, al menos no una contradicción flagrante. Todos alguna vez hemos negado la verdadera forma de eso que nos ayuda a seguir viviendo.

 

Peter Orner, ¿Hay alguien ahí?, traducción de Damián Tullio, Chai Editora, 2020, 280 págs.

23 Jul, 2020
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