NFT: una conversación sobre arte en tiempos de hiperinflación criptográfica (parte 1)

Podríamos decir que hay escritores que en su ambición buscan narrarlo todo y hay escritores que en su ambición buscan narrar lo mínimo. Algunos, pocos, triunfan en su cometido. La finlandesa Tove Jansson, recuperada hace un par de años por Cía. Naviera Ilimitada, es una triunfadora del segundo grupo: una escritora de lo mínimo, que hace de la contención su arte. Juego limpio no es la excepción; al revés, en esta novela Jansson lleva su técnica a la máxima expresión: lo que no se dice, está claro, se siente.
Un lector de Jansson verá en Juego limpio muchos puntos en común con El libro del verano y La verdad increíble, las dos novelas anteriormente publicadas por la misma editorial, traducidas también por Christian Kupchik. El espacio es el mismo (una isla nórdica), la estructura es la misma (capítulos cortos que pueden funcionar como cuentos autónomos), la sobriedad narrativa es la misma (una prosa cristalina, siempre precisa, nunca pomposa) y, por último, el libro gira en torno a dos mujeres. Ahora, hay una variación fundamental: acá no hay diferencia de edad entre las protagonistas, no son abuela y nieta, ni anciana y joven, sino dos compañeras en su vejez: la pintora Jonna y la escritora Mari. La compañía y las profesiones son importantes; a fin de cuentas, la novela narra, situándose en la vejez, la sociedad artística (y amorosa) que las protagonistas construyeron a través del tiempo.
Cada capítulo cuenta una historia que las involucra, que muestra a las protagonistas en acciones mínimas: ya sea viendo y comentando una película (una de las tantas rutinas compartidas), recibiendo una visita inesperada, pescando, viajando, trabajando, sobre todo trabajando, porque las dos hacen de la vida, su vida, la reserva de su arte. Pintar para una, escribir para otra. Atraviesan juntas el proceso creativo y lo hacen respetando sus espacios, y, cuando la situación lo amerita, discutiendo sus trabajos, como ese capítulo precioso en el que discuten con ternura los personajes de la novela de Mari.
“Vivían cada una en el extremo opuesto de un departamento ubicado en un gran edificio cerca del puerto. Entre sus estudios se encontraba el ático, una impersonal tierra de nadie de pasillos altos con puertas de maderas cerradas a ambos lados”, escribe Jansson en uno de los primeros capítulos, y en esa descripción del hogar dice más sobre la relación entre las protagonistas que usando cualquier adjetivo. Jansson no lo necesita.
Juego limpio es una gran novela sobre el amor entre dos artistas que envejecen juntas, que se pelean, que se aguantan y que, sobre todas las cosas, se quieren. Dos mujeres que necesitan que de vez en cuando una de las ellas diga eso, como dice Mari, que no hace falta decir, para después seguir viviendo, que en su caso es leyendo, viendo películas, haciéndose compañía. Ningún hombre es una isla, decía Donne; para Jansson, dos mujeres, quizás, sí.
Tove Jansson, Juego limpio, traducción de Christian Kupchik, Cía. Naviera Ilimitada, 2021, 136 págs.
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