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La Esposa joven

Alessandro Baricco

OTRAS LITERATURAS

Las novelas de Baricco buscan la convivencia de lo onírico con lo real y La Esposa joven no es la excepción. Además, se propone como una fábula: una familia italiana vive, en los albores del siglo XX, en su mansión, como si cada día fuera el mismo y a la vez el último. Esa monotonía es interrumpida por la llegada de una joven de dieciocho años que viene a casarse, desde la Argentina, con el Hijo, su prometido, que en ese momento está de viaje. Muy pronto ella entiende que la familia es en exceso peculiar: vive insularmente, enfocada en sí misma, como si así suspendiera el paso del tiempo y la muerte inevitable. Les aterra la noche porque todos sus ancestros murieron después del anochecer y entonces hacen del desayuno un rito que celebra la supervivencia. Nadie tiene nombre salvo el sirviente —Modesto—; los demás son el Padre, la Madre, el Tío, la Hija. La Esposa joven se dedica a esperar al Hijo; mientras, será iniciada en la glotonería y el goce de los cuerpos como un modo de llenar el vacío existencial.

El prometido quizás ayude a resarcir a su padre, que había abusado de ella. Y, si bien la joven llega a esa casa instruida por su abuela —para quien la represión era la defensa de la mujer—, esta familia la somete a la espera inútil —otra forma de negación de la vida— y la inicia sexualmente: su futura cuñada le enseña a masturbarse, su suegra le convida sexo lésbico, el suegro la lleva a un prostíbulo: para ellos, la felicidad es una obligación y sólo los cuerpos operan como vía de acceso a ella.

La verosimilitud de esta novela se afirma en la transposición alegórica: la vida humana es incontrolable y precaria, y los anhelos, un sinsentido. El caos se combate con la repetición rutinaria y la fantasía es el único refugio. Esa —estimable— convicción se ve erosionada desde tres ángulos: el narrador en estilo indirecto libre, que se traslada de un personaje a otro aun dentro de la misma frase; el recurso metaficcional y autorreferencial: el salto del narrador incluye al autor como un personaje más que crea la historia mientras le explica al lector el proceso de escritura, la relación entre literatura y realidad. El intento de que El Quijote se ofrezca como un guiño al lector —es la novela que la joven trae a una casa donde los libros se prohíben porque se los considera un mero paliativo de la vida— es probable que les guste a los fans de Baricco que no cuestionarán nada: el sexo entre cuñadas, los recursos de una suegra de belleza “asesina”, las lecciones de prostíbulo del suegro; tampoco, quizá, los cajones que guardan voces o el tío que hace todo dormido, incluso beber champán.

Algo es seguro: Baricco nunca defrauda por completo, ni en la ficción ni en sus ensayos. Tal vez el lector que elija esta novela pueda sobreponerse a la demasía de la propuesta y disfrutar de la parábola: la muerte siempre nos causará daño, su sola idea coarta sin remedio nuestra capacidad de vivir y amar. Baricco ha dicho que las mujeres son un continente aún ignoto para los hombres; con esta novela, desafortunadamente, continuará inexplorado.

La prosa de La Esposa joven es barroca, intrincada, pero no lo sería tanto si el traductor no se hubiera consentido tal cantidad de modismos de español peninsular, y la edición, una serie de descuidos que sin duda menoscaban el registro del original.

 

Alessandro Baricco, La esposa joven, traducción de Xavier González Rovira, Anagrama, 2016, 200 págs.

30 Mar, 2017
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