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Una ventana al mundo y otros relatos

Isaac Bashevis Singer

OTRAS LITERATURAS

El realismo doméstico agotó sus mejores posibilidades en Estados Unidos durante el siglo XX, cuando crecían o cerraban fábricas, llegaban migrantes tan esforzados como desorientados, el país se hacía dueño del mundo y en cada casa temblaba un universo que se contagiaba de la intemperie urbana en constante ebullición. Con los años, destacarse en esas arenas resultó sumamente complejo. A fin de cuentas, ¿qué tan variadas pueden ser las vidas de los seres humanos cuando las técnicas narrativas se asemejan?

Pero hubo otro realismo, paralelo y único porque lo creó y agotó una sola persona: el de Isaac Bashevis Singer, nacido en Polonia y emigrado a Estados Unidos antes de la invasión de Hitler, quien escribía en yidis, de modo que para leerlo alguien debía traducirlo primero. Sus relatos traían pueblos rurales de su país natal y a ciudadanos estudiosos de la Torá y del Talmud que asisten celosamente a los ritos en sinagogas derruidas, a veces descalzos porque no tienen plata ni para zapatos, con mujeres que paren cada año hijos que mueren de enfermedades o a los que se los comen los piojos. Afuera esperan el mundo tan cambiante de la modernidad, los pogromos zaristas, el Holocausto nazi. En pocas páginas cargadas de ritmo y detalles, tejiendo un humor tan cínico como piadoso, el mundo de Singer parecía inacabable aunque sus personajes fueran siempre de la misma especie.

Ahora llegan seis relatos del ganador del Nobel en 1978, cinco de ellos inéditos. En “El huésped”, el único ya publicado, un anciano, practicante devoto del judaísmo, a quien sólo le queda una pensión y una tumba, convive con otro judío, que sufrió en los campos de concentración y en los campos soviéticos, y que hostiga a Reb a cada rato diciéndole que Dios es un terrible antisemita: “Nada es real salvo la basura. Su rabino también es basura. Tras su barba y sus rizos se esconde un hombre que ama a las mujeres, y si no estuviera casado con una mujer atractiva, recurría a las putas”.

En “El regalo de la Misná” son los nietos quienes conviven con el abuelo ya casi ciego que en el sillón de la esquina intenta memorizar pasajes de los libros sagrados para cuando la ceguera sea completa. Mientras tanto, los nietos trotskistas llenan la casa de compañeros de militancia, hacen fiestas, critican la religión y algunos mancillan el catre del abuelo.

Es interesante la entrada de ideologías políticas. Abre una dimensión poco habitual en la obra de Bashevis Singer: la de escribir en primera persona sobre experiencias que lo tocaron de cerca, como su pasado como militante del comunismo. Y así como puede desparramar la religión judía para encontrarle brillos y oscuridades, lo mismo hace con las ideologías que se elevaron a categoría de religión. En esa primera persona también recuerda las épocas en que trabajaba en un periódico yidis donde a cada rato irrumpía gente para quejarse de algún artículo publicado y de paso contar su historia. Así sucede en “Como Job”, donde un personaje relata sus penurias, peores que las de su homónimo bíblico.

La obra de Bashevis Singer trasfigura al pueblo judío, ese al que pertenecían él y su familia saturada de rabinos. La espiritualidad material y contradictoria de sus cuentos desnuda la relación entre el ser humano y un Dios que en un párrafo le da el libre albedrío para salvarlo, y en el siguiente, para que destruya todo lo creado.

 

Isaac Bashevis Singer, Una ventana al mundo y otros relatos, traducción de Andrés Catalán, Nórdica, 2023, 120 págs.

18 May, 2023
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