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Kantor. Wielopole, Mezrich, Wielopole

Mariana Obersztern

TEATRO

“A partir de ese momento, una cosa fue clara para mí: era Tadeusz Kantor aquello polaco que mi padre elegía para darme”. Con esta confesión, Mariana Obersztern recuerda cuando su padre compró entradas y la llevó a la función de Wielopole, Wielopole que Kantor estrenó en Buenos Aires en el Teatro San Martín en los años ochenta. Su padre había nacido en un pequeño pueblo llamado Mezrich. Llegó a la Argentina dos años antes de que estallara la guerra. A pesar de los pedidos de su hija, no quería hablar su lengua natal. En esta sexta entrega del ciclo Invocaciones, por azar o por destino, Obersztern y Kantor se vuelven a cruzar.

De un lado, una directora particularmente interesada por las expansiones del teatro contemporáneo: el contacto con las artes visuales en función de la imagen y la espacialidad, la escritura en función de la puesta en escena y el trabajo con el actor. La obra teatral finalmente se configura como un dispositivo fuertemente concreto, material y, a la vez, una maquinaria artificial y metateatral, puesta en funcionamiento para generar un pensamiento sobre el teatro.

Del otro lado, el teatro de Kantor. Teatro postinformalista y posthappening. Escenario de maniquís, embalajes y objetos. Teatro clandestino durante la guerra y de experimentación y manifiestos a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado. Es, también, un teatro que retoma uno de los tópicos más transitados por los artistas de aquellos años de un modo singular: la relación actor-espectador en tanto igualdad y extrañeza radicales, como aquella que nos separa de los muertos.

Entre ambos, una pieza como Kantor. Wielopole, Mezrich, Wielopole. Obersztern espeja sus propios intereses y su propia figura en relación con la obra y la figura de Kantor, expandiendo los elementos, volviéndolos a la vez próximos y lejanos. Así, la directora se instala en la escena y habla en un polaco que no conoce, traducida al español por unos intertítulos electrónicos. Con un sobretodo y unos gestos característicos, juega el rol de Kantor; otras veces, reflexiona con Agustina Muñoz acerca de la construcción del espectáculo: desarticulación y rearticulación de la estructura de la obra invocada, reflexión sobre el teatro del presente, afirmación y negación de la idea de la muerte.

Los actores recuerdan en sus gestos, acciones y vestuario a aquellas figuras representativas del teatro de Kantor: un poco como autómatas, ejecutan una tarea que debe ser representada, repetida, a los efectos de conjurar un programa que continúa, sin embargo, abierto e interrogativo. Interrogaciones sobre el arte y la existencia, pero también sobre cuestiones absurdas y prosaicas.

Si la repetición de “Wielopole” en el título original ponía en tensión la otra ciudad que coexistía con la ciudad de la infancia de Kantor, “Mezrich” interpone otra geografía, a la vez igual y distinta que la del director polaco, la de una memoria heredada pero también la de una imaginación y una experiencia puramente teatrales.

 

Kantor. Wielopole, Mezrich, Wielopole, dramaturgia y dirección de Mariana Obersztern, Ciclo Invocaciones, concepto y curaduría de Mercedes Halfon, Centro Cultural San Martín, Buenos Aires.

 

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