Otra Parte es un buscador de sorpresas de la cultura
más fiable que Google, Instagram, Youtube, Twitter o Spotify.
Lleva veinte años haciendo crítica, no quiere venderte nada y es gratis.
Apoyanos.
La velocidad de la vida actual nos impide, a veces, tomar conciencia de los cambios. Ahora gran parte del contenido audiovisual que circula por internet se genera con IA; hace poco me mostraron un clip de una película fake en la que Brad Pitt y Tom Cruise se matan a piñas en la terraza de un edificio, en medio de una ciudad en ruinas, y Brad Pitt le grita: “¡Mataste a Jeffrey Epstein, animal!”. Era difícil distinguir ese video de una película de Marvel; sin embargo, hasta hace no mucho, la IA, lejos de imitar el cine comercial, producía videos bizarros, plagados de seres humanoides monstruosos, más propios del imaginario de Cronenberg. Las herramientas que se usaban para generar esos videos, evidentemente, todavía no entendían del todo la interacción entre sujetos y objetos en nuestro mundo físico, entonces todo tendía a confundirse: la persona que comía un plato de pastas terminaba formando parte del mismo plato que comía. Esos videos, donde la causalidad estaba rota, producían repulsión y vértigo existencial.
Una sensación similar produce la experiencia de lectura de El favor, de Manuel Estellés. El desconcierto llega a un nivel tan grande que un personaje puede estar ganando en el casino en un párrafo y volviéndose a su casa con lo justo para un taxi en el siguiente sin que haya un puente entre el estado A y el estado B. El lector no puede dejar de preguntarse si esos saltos son errores; sin embargo, para cuando llega a la tercera y última parte de la novela, está tan embebido en los chistes sobre la imposibilidad de narrar, la imposibilidad de escribir y la imposibilidad de hacer dinero con la literatura que ya empieza a sospechar que la novela se está riendo del lector, aunque sin dejar de hacerlo parte del juego. La novela no se ríe del lector, ni del mercado editorial, ni de los escritores, ni del autor: se ríe de todo y con todos. Uno de sus personajes, todos escritores, llega incluso al punto de resumir el mecanismo de la novela que se está leyendo: “no sé de qué trata mi novela. Quizás sobre la escritura: cada capítulo escribe al que le sigue. Yo sólo estoy ahí para contribuir con el borrado”. Otra clave de lectura está en el epígrafe de Ariel Luppino, otro autor central del catálogo de Club Hem: “Nunca fui autobiográfico: en mis textos aparezco travestido, transformado en otra cosa, casi irreconocible, y sin embargo algo persiste y brilla con una luz única, y eso es mi vida”.
Hay por lo menos un antecedente, ya muy viejo, para este tipo de novelas, en donde se incluyen las de Bob Chow, también publicado por Club Hem. Me refiero a Cándido de Voltaire; algunos dicen que está mal escrita, y que los saltos espacio-temporales, los personajes que mueren en un capítulo y aparecen como si nada en el siguiente, y la propia negación constante de lo que uno acaba de leer por parte de lo que lee inmediatamente después no fueron decisiones ni constituyen una lógica narrativa diferente de la habitual. La pregunta que Alan Pauls se hizo alguna vez sobre Aira es pertinente también para Voltaire, Luppino, Chow y Estellés (y, de paso, para Laiseca y Felisberto Hernández, que aparecen nombrados en la novela): ¿genio o idiota? La desfachatez y el desprecio por las convenciones narrativas (y por las lógicas del circuito literario mainstream), es cierto, pueden ser la contracara de una frustración o una limitación, pero también son una invitación a otra literatura, una que no sea siempre igual a sí misma y donde haya otros tonos y otros lenguajes posibles, lejos de la solemnidad y el ensimismamiento existencial.
La contratapa aclara, sobre Estellés: “es la primera novela que publica pero no es la primera que escribe”, y El favor es un libro que podría seguir escribiéndose indefinidamente y que tal vez nunca terminaría de agotarse. En ese sentido, pensando de nuevo en Aira, es un excelente ejemplo de la diferencia que establece el de Pringles entre novela y cuento: el cuento es lo que pasó, la novela es lo que pasa. Y lo que pasa, en cada página de El favor, es una sorpresa.
Manuel Estellés, El favor, Club Hem, 2025, 120 págs.
Como las correntadas que se abalanzan por las calles anegadas de Buenos Aires cuando caen las lluvias torrenciales que suelen azotar la ciudad, esta primera novela de...
Algunas palabras, junto con su significado, llevan consigo un valor agregado. Es el peso que en ciertos casos les asigna la historia. Ocurre entonces que parecen haber...
Desde sus inicios, en su dramaturgia, sus puestas en escena, sus performances e intervenciones, Beatriz Catani se ha preocupado por pensar las condiciones de producción, la relación...
Send this to friend