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Si podemos imaginar cierto tipo de vida como una línea recta y gris, el libro indicado, trascendental por accidente, puede generar un impacto enorme, un giro de ciento ochenta grados. Desde su cuarto de soltera en la casa de su madre, una mujer joven se enfrasca en la lectura de unos diarios de viaje, escritos por Virginia Mountweazel, una exploradora que viajó por todo el mundo, haciendo fotografías aéreas para confeccionar los primeros mapas científicamente rigurosos de la historia.
Luego de releer los diarios treinta y nueve veces, la protagonista de La vida privada se para ante una encrucijada peligrosa: creerle a la literatura hasta el delirio o tomar la posta del verso que cierra el famoso poema de Rilke: “Debes cambiar tu vida”. Elige la segunda opción. La novela comienza con ella bajando de un micro de larga distancia en un pueblo casi fantasma, habitado por personajes extraños, acompañada por la voz de Merino, su bibliotecario, que aparece de forma esporádica, como una alucinación profética. El objetivo de su aventura es llegar a una isla invisible, a la que solo se accede desde allí, para encontrarse con su escritora favorita, la mítica Virginia Mountweazel.
La primera novela de Valeria Tentoni es, en esencia, una historia de amor a la lectura. No imagina, sin embargo, una lectora pasiva y ensimismada, sino una que elige el movimiento. La narración en primera persona nos permite entrar en una mente neurótica y desconfiada, lo que la vuelve mucho más humana. Hay una inseguridad que late en cada paso de su aventura, propia de una vida que nunca tuvo sobresaltos, que se mezcla a la vez con un encantamiento del paisaje, una observación atenta y enamorada de cada detalle que solo puede lograr una autora que es, en sus orígenes, una poeta.
Pero no es solamente la lectura obsesiva del libro lo que impulsa la aventura, sino el intercambio epistolar entre lectora y escritora. En una línea difusa, esquiva, Mountweazel parece acceder a una visita, invitación que la protagonista acepta sin dudar. Hay algo en esta lectora que hace pensar en una figura más romántica que erudita, al estilo del joven Werther, con una pasión inflamada por la correspondencia que él mismo le escribe a su amada Carlota, una mujer sin voz. Escribir una carta es entablar una relación, sentir que el otro toca las palabras propias con sus dedos. En el caso de la narradora, también es lo emocionante de recibir, de manos de la escritora favorita, palabras solamente para ella.
Pero para que un objeto amoroso se mantenga perfecto es necesario no alcanzarlo nunca. Las amadas de las novelas de caballeros son solo excusas para que el hombre se perfeccione. Deben morir vírgenes, jamás tocadas por sus enamorados. La lectora de La vida privada profana esta relación y llega hasta la puerta de Mountweazel, quien está visiblemente descontenta por ser interrumpida en su soledad.
La pugna entre la defensa de la vida privada de la escritora y el deseo de la fan de no volver a ser lectora (en palabras de Cynthia Rimsky en el blurb de la contratapa) genera una tensión insoportable desde el primer encuentro, que explota un par de veces en la novela, siempre de maneras sorprendentes. Valeria Tentoni agrega, además, subtramas que se develan solo a los lectores curiosos, empezando por el hecho de que la isla que habita Mountweazel no existe en ningún mapa, y le permite, a su modo, no existir. Esto pone en duda la figura de la escritora: a la manera de los primeros cartógrafos que firmaban sus mapas con islas falsas para evitar plagios, Virginia Mountweazel se vuelve un espacio vacío en sí misma, un dato falso escondido en una enciclopedia milenaria. Aparece, entonces, una posibilidad excitante y aterradora: la de tomar su vida, robar su identidad.
La vida privada construye una lectora que, a través de un libro, da un salto del que ya no puede retroceder. Sin necesidad de inclinarse hacia el fantástico, Tentoni nos presenta un personaje que parece atravesar un delirio místico, pero que nunca pierde el eje racional. Esto nos deja una idea a sus lectores: por más demenciales que parezcan, hay aventuras que son absolutamente necesarias, y solo un buen libro puede habilitarlas.
Valeria Tentoni, La vida privada, Seix Barral, 2026, 208 págs.
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