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“Conozco el fondo, dice ella. Lo conozco con mi raíz central: / es lo que te da miedo. / No tengo miedo: yo ya estuve ahí. // ¿Es el mar lo que oís en mí, / sus malestares? / ¿O es la voz de la nada, que fuera tu locura?”, escribía Sylvia Plath en “Elm”, y abría una pregunta sin respuesta sobre lo que existe y lo que no, sobre el límite entre los malestares y la locura. La traducción de este poema es de Renata Prati, para la antología Poetas del dolor (Omnívora, 2024), y el título que le dio entonces fue “Acacia”. “Acacia” (femenino) y no “Olmo” (masculino), porque ya estaba sembrando algo que un año después germinaría en Esta es tu pena: que, en la historia de los afectos, el género importa.
Se podría decir que Esta es tu pena es el análisis exhaustivo de una traducción: el pasaje de la melancolía a la depresión. Quizás la mejor forma de explicarlo sea a través de dos imágenes que trae la propia Prati. Por un lado, la figura fundacional del melancólico: Demócrito, tal como lo imaginó Salvator Rosa en el siglo XVII, sentado en medio de un bosque oscuro, agarrándose la cabeza mientras contempla la ruina del mundo, los animales muertos disecados durante su búsqueda infructuosa de la raíz de la locura. Por otro, una de las muchas caras que se le ha dado a la depresión: un primer plano de una mujer ojerosa, con ambo y una especie de máscara de boca sonriente atada a la cara, que se mira al espejo en un supuesto tratamiento para la depresión de la Budapest de entreguerras. Es una foto sin fondo: solo se ve a una mujer con su sonrisa impuesta.
Como la de Prati (y como todas las traducciones), esta traslación es política. La primera imagen es de un hombre; la segunda, de una mujer. Pero ese cambio no llegó solo. Pasamos de una escena que tiene, muy literalmente, un background (es decir, un trasfondo que da cuenta de un entorno) a un retrato donde se recorta a la mujer del mundo, se la individúa, se oculta o se suprime el origen de una depresión que, de hecho, no se quiere mostrar. De la figura del genio melancólico a la de la mujer urgida por volver a ser lo que se espera de ella (feliz); de un dolor nacido a partir de una búsqueda profunda e intelectual a un trastorno, una deficiencia, algo que hay que arreglar. La patologización no solo feminizó la depresión, sino que además la devaluó.
¿Qué pasa cuando el malestar se vuelve patología? Esa es una de las cuestiones centrales que analiza Esta es tu pena, de forma interseccional y sin caer jamás en reduccionismos, por medio de materiales que abarcan desde la filosofía hasta la biología, del feminismo a la autoayuda, de la psiquiatría a la publicidad. Pero, sobre todo, lo que se pregunta es qué estamos haciendo cuando patologizamos el malestar, por qué lo hacemos, a quién le sirve y para qué. Se trata de una cuestión que, como en el poema de Plath, no tiene respuesta definitiva, pero que de todos modos es necesario enfrentar.
Análisis lúcido de las tensiones y contradicciones que surgen entre la visibilización y el vaciamiento, el libro de Prati no solo abre una lectura de la depresión en clave social, política, económica y feminista, sino que deja también picando preguntas sobre el lugar de las enfermedades, las discapacidades y los trastornos en un sistema capitalista y patriarcal. Es, en esencia, un texto de preguntas situadas: “un cuerpo [que] flota o se hunde no habla solo del cuerpo, sino de su relación con el medio y, por lo tanto, también del medio mismo”.
El título, Esta es tu pena, retoma el poema de Olga Orozco, y abre un recorrido que reúne voces académicas tanto como líricas: Plath, Pizarnik, Sexton, Levertov, Anzaldúa, Moshfegh, Rich, entre tantas. En otra época habría parecido algo contradictorio: un texto académico en primera persona, en más de una primera persona. Sin embargo, como en toda su obra, aquí Prati da lugar al yo, al entramado de yoes que nos construyen: “Mi depresión […] me aisló y alienó demasiadas veces, pero también me sugirió un suelo para el encuentro y la solidaridad, porque mi dolor, que de muchas maneras es mío, específico, intraducible, tiene puntos de contacto, resonancia y parentesco con los dolores de les demás”. En esos puntos de contacto, en esas resonancias, ensaya respuestas que, más que un sentido, buscan una sensibilidad.
Renata Prati, Esta es tu pena. Qué nos diría la depresión si nos animáramos a escucharla, Siglo XXI Editores, 2025, 240 págs.
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