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Una sombra voraz / La obra

Mariano Pensotti

TEATRO

La lectura de un libro puede impulsar a alguien a escalar una de las montañas más altas del mundo, transformar una vida en una película o narrar lo que ha sido escrito para la escena. Quizás por eso los textos dramáticos más recientes de Mariano Pensotti, reunidos en un volumen editado por Patricio Binaghi y Andrés Gallina (ambos estrenados fuera del país, y uno en cartel en Buenos Aires), encuentran en este formato algo más que un archivo escénico del espectáculo y proponen una experiencia de lectura independiente respecto del evento. Acaso la lectura sea, en verdad, la protagonista de estos dramas: el montaje de la amalgama de registros testimoniales y ficcionales entre la crónica de viaje, notas de investigación, el diario íntimo, cuadernos de dirección escénica, la novela coral a lo Rulfo, que “reconstruyen” vidas desde perspectivas parciales y a menudo contradictorias. Algunos de estos materiales —huella, acaso, de la creación colectiva de Pensotti, Mariana Tirantte, Florencia Wasser, Diego Vainer e intérpretes—, ya habían sido explorados por el grupo Marea.

Ambas piezas se presentan como dramas sobre “historias reales” y sobre el modo en que las creaciones en torno de esas experiencias alteran las vidas que intentan representar. En Una sombra voraz asistimos a la obra de Manuel, actor, y Julián, escalador, en un teatro independiente, que reconstruye los avatares de la película donde aquel interpreta a este. La película se basa, a su vez, en el libro autobiográfico del escalador acerca de su intento de repetir y completar el ascenso a la cima del Annapurna (Nepal) a través de una nueva ruta iniciada por su padre, famoso alpinista desaparecido en esa expedición. En La obra, lo que leemos es la dramaturgia de Walid sobre su investigación de la obra que Simon Frank montó en Coronel Sívori, interpretada por gente del pueblo. Frank, un supuesto sobreviviente del Holocausto, sustituido por un oficial alemán (Jürgen Richter) que —luego sabemos— robó el nombre del muerto para escapar a Sudamérica, escribe, dirige y actúa un espectáculo sobre cómo su familia había sido asesinada en un campo de concentración. La obra de Walid¸ que se sustenta mayormente en entrevistas a los actores, también recupera la memoria de su familia. Aunque los procedimientos de escritura sean complejos (con toda su discontinuidad y fragmentariedad), nunca se abandona la unidad narrativa ni, como ha dicho Pensotti, el interés por seguir contando historias.

Dobles e impostores habitan —borgeanamente— estos textos. Actuar a otro implica parecerse demasiado a él o, mejor, ser él (como quiso Pierre Menard), re-subjetivarse a través de la ajenidad: las escenas de rodaje, las audiciones, los ensayos y funciones, producen un efecto de eco continuo en el que resuena la pregunta por cómo actuar de padre, de hijo, de actor, de sí mismo. Tampoco el archivo garantiza una verdad: todo documento puede ser falseado, reinterpretado o desmentido por otro. Incluso el texto de Petrarca sobre montañismo que inspira al padre de Julián es una crónica ficticia. En este sentido, se recuperan recursos del teatro documental —la ostensión de objetos y su épica, fotografías, videos, entrevistas, croquis, grabaciones— por medio de los cuales se fuga una reflexión explícita (y humorística) respecto de estas prácticas teatrales contemporáneas, así como se historizan en alguna medida las transformaciones de la escena del siglo XX. Además de libros y documentos, los personajes leen señales en su entorno; el azar y la (sobre o mala) interpretación son con frecuencia fuentes de comicidad y mecanismos que hacen avanzar la acción.

La figura de la sombra (y los reflejos) organiza buena parte de estas obsesiones: la sombra de los padres, de las ficciones previas, del capitalismo “implacable”, y otras. La repetición aparece, así, como tópico a la vez que en tanto recurso poético central: en Una sombra…, esa lógica adquiere por momentos la forma de un leixaprén (deja-toma), como si cada iteración retomara algo para desviar o desplegar su sentido. Esta técnica de encadenamiento y reanudación de versos de la lírica medieval (galaico-portuguesa, provenzal y castellana) aparece aquí en tanto mecanismo narrativo y escénico, pero también supone una reflexión sobre el carácter performativo del lenguaje y la subjetividad (reiteración de gestos, palabras, experiencias). Las identidades se encadenan (repetición y diferencia) en un exasperado deja-toma del sujeto.

En tiempos de individualismo, inmediatez y reproducción infinita donde —como observa Pensotti— está tan cuestionado qué es lo real, simulado, público o privado, estas dramaturgias que ahora conversan en el mismo volumen proponen la demora, el diferimiento del sentido y la singularidad de la lectura como forma (colectiva) de inventar otra ficción posible.

 

Mariano Pensotti, Una sombra voraz / La obra, Paripé Books, 2026, 192 págs.

20 Ago, 2026
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