El universo de las cosas. A propósito de Prefiero Fierro de Luciana Lamothe
La estrella del American way of life, el estilo de vida estadounidense, se apaga o quizás ya se apagó y solo persiste la última luz, emitida hace tiempo. La guerra de los últimos es una crítica del estilo de vida violento y paranoide en que deriva la defensa de la propiedad privada como único rasgo de identidad nacional, pero hecha a través de los géneros más gringos: postapocalipsis lleno de armas, bombas y cuchillazos, western, distopía, terror. Como decía el crítico Robert Warshaw, Hollywood inventó dos tipos de películas: las de vaqueros y las de gángsters, dos géneros de hombres con armas.
Una de las premisas de la película (basada en The Dog Stars, novela de Peter Heller de 2012) es que ya vivimos en el postapocalipsis. Antes de la pandemia que arrasó con todo, Hig (Jacob Elordi) solía ser mecánico y vivía con su esposa Melissa (Sai Bennett). Esperaban un hijo. Ahora, en 2035, convive con su perro Jasper y Bangley (Josh Brolin), un veterano de guerra con estrés postraumático, en un aeropuerto abandonado en Erie, estado de Colorado, en medio de las montañas. Hig pilotea una avioneta remendada en la que periódicamente viaja a la cercana ciudad de Denver a buscar provisiones (comida, combustible, remedios). También está en busca de algo mejor, una sociedad que haya sobrevivido —no abandona la esperanza—. Con la misma regularidad con la que Hig sale a buscar un mundo feliz, Bangley se acomoda en un mangrullo a esperar con su rifle a las hordas que puntualmente llegan a invadirlos: algunos intrusos solitarios, otros más organizados y hasta grupos tribalizados, maras de hombres rapados y tatuados, muy en línea con la caracterización trumpista de los inmigrantes latinoamericanos. Bangley afirma que lo que tienen (casa, comida, armas) es todo lo que necesitan y que él se sacrifica mucho por defenderlo. Hig le retruca que no parece estar haciendo ningún sacrificio: “A vos te encanta esta mierda”. La película sostiene que el sueño americano es en sí mismo el postapocalipsis.
En el primer viaje que muestra la película, Hig visita una comunidad menonita para llevarles cosas del mundo muerto que solía ser la contracara de su premodernidad, entre ellas, una caja de latas de Sprite ya discontinuadas. Sabemos que esa comunidad idílica más propia del género pastoril que de la distopía volverá en algún momento. Los menonitas anticipan otro género, el western: los pioneros y los perseguidos religiosos que marchaban hacia el oeste en busca de nuevas tierras, seguidos por un Estado exterminador y colonizador que avanzaba al ritmo del ferrocarril. La defensa a balazos de la propiedad asediada encuentra muchas formas, no solo la pequeñísima comunidad de Hig, Bangley y Jasper. Grupos de personas y familias que creen que lo que lograron armar es lo mejor que hay. En un momento Hig decide abandonar a Bangley y cumplir su sueño: él es mecánico y quiere no solo aprender a vivir en ese mundo roto, sino también “arreglarlo”. En ese escape hacia algo nuevo y vital conoce a Cima (Margaret Qualley) y a su padre Pops (Guy Pearce), que habitan en un rancho obligados a retroceder en el tiempo y vivir como en el Far West. Juntos disfrutarán de charlas y recuerdos, pero también se enfrentarán a indios y caníbales.
La última película de Ridley Scott tiene la estructura de una road movie del aire que mezcla distopía, futurismo y conservadurismo y así une líneas de sus anteriores films, una obra que abarca ya casi cinco décadas. Imagina estructuras sociales nuevas como en Alien (1979) y Blade Runner (1982), mundos antiguos como en Gladiador (2000) o El último duelo (2021), e incluso el escape de la sociedad y la búsqueda de otra vida como en Thelma y Louise (1991). The Dog Stars, cuyo título alude a las “charlas” que Hig mantiene con su perro mirando el cielo y creando nuevas constelaciones, tiene un tono optimista no muy común (como sabemos por Mark Fisher) en las películas que en este siglo imaginan el futuro. Sin embargo, puesta a concebir un nuevo comienzo para Estados Unidos, pareciera que la película no logra encontrar alternativas y la idea que resulta es “empecemos otra vez de la misma forma que empezamos antes”. No solo no puede imaginar el fin del capitalismo, sino que tampoco puede imaginar otro comienzo. El nuevo mundo nace tan viejo como las estrellas.
The Dog Stars (EEUU, 2026), guion de Mark L. Smith y Peter Heller a partir de la novela de Peter Heller, dirección de Ridley Scott, 118 minutos.
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