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Vida de Fernando Callero

Francisco Bitar

TEORÍA Y ENSAYO

Algo está pasando con algunas vidas, que vuelven en libros recientes. Vuelve la vida de Bayley (su música, escrita por Mario Nosotti), la de Rimbaud (su trabajo, leído de nuevo por Ezequiel Alemian). Vuelven a secas las vidas de Copi y Carella, vividas por Guillermo Bravo y Gonzalo León. Vuelve, reeditado, el Lamborghini de Strafacce y, ahora, entre estas y muchas otras, vuelve la vida de Fernando Callero, contada por Francisco Bitar.

En el Preludio, Bitar introduce la distinción que estructura el libro: la diferencia entre el Poeta, que nace, simplemente, y no puede a partir de entonces dejar de vivir la vida toda al mismo tiempo, y el Escritor, que se desvía continuamente y “llega tarde” a la suya. La vida del Poeta no es entonces una cronología sino algo más parecido a un destino en el que, por no existir desvíos, los actos solo pueden coincidir consigo mismos. Y allí están los actos de Callero, su extraordinaria abundancia que los vuelve, para la conciencia que los percibe desde afuera, indiscernibles: sus poemas, sus canciones, sus dibujos, sus viajes, sus extravíos, su traviesa mirada en las fotos, su accidente. Para el Escritor, en cambio, que en lugar de dirigirse a la vida la rodea, “la vida era lo escurridizo mismo, lo que emitía signos de existencia sin nunca hacerse patente”. En la torsión que propone el texto, la vida de Callero emerge como lo no vivido por el Escritor, que ahora vive la vida del Poeta en la escritura. O, como se lee en las primeras páginas: “Donde el Poeta gritaba: ¡la vida! ¡la vida por vivir!, el Escritor anhela lo no vivido, lo no vivido por escribir”.

La escritura de Bitar piensa, intenta explicarse cosas. A veces, como en el Preludio, hilvana reflexiones que se parecen a premisas de silogismos de las que solo pudieran deducirse conclusiones provisorias (es la provisoriedad de estas conclusiones lo que impulsa la escritura hacia adelante).

Pero la vida de Callero no vuelve sola. Vuelven también las casas de alto, esas “dos casas en una, con un primer piso anexo al que se accedía por una puerta independiente”, que ocupan la segunda parte del libro. ¿Vuelve lo que está desapareciendo? ¿Lo que ya se perdió, pero sobrevive? Puestos a preguntarnos, como en la estructura del chiste, en qué se parecen Callero y las casas de alto, responderíamos fuera de cualquier broma que, como la vida del Poeta, la vida de las casas de alto está igualmente amenazada por la inclemencia del mercado, que prefiere otros actos, otras construcciones.

¿Cuántas partes tiene este libro sin índice? Cuatro, si a la “Vida de Callero” y a “La casa de alto” sumamos el “Preludio” y la “Coda”. Cinco, si consideramos el poema final de Daniel Durand. Siete, si a todo lo anterior agregamos el prólogo de Eduardo Muslip y la contratapa de Beatriz Vignoli (habría que agregarlos). ¿Las fotos de Callero son una parte más? Seguramente sí. Como sea, cuando parece agotarse, el objeto que leemos, de alguna manera y sin un orden claro, vuelve a empezar. Esa es su magia, su forma encontrada al andar.

 

Francisco Bitar, Vida de Fernando Callero / La casa de alto, Objetos Personales, 2026, 108 págs.

22 Oct, 2026
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