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La vaca atada

Santiago Hafford

ARTE

Con un pleno plano plateado de fondo en su tapa (impresa en mylar plata), apareció este año, brillando y brillante, la nueva versión del fotolibro La vaca atada de Santiago Hafford. Con un tamaño mayor y distinta edición de imágenes, se distingue de su primera versión publicada por ARGRA en 2016. Suma además un texto escrito por Mercedes Halfon que complementa al escrito originalmente por el autor.

En esta nueva versión autogestiva, que contó con el apoyo de Mecenazgo Cultural, podemos adentrarnos en una miríada de detalles que se revelan gracias al nuevo formato y puesta en página.

Comenzaré por la tapa y su sistema de impresión. El brillo no es sólo lo que llama la atención, sino que es lo que permite catapultar la memoria sensitiva visual en dos direcciones posibles de la dimensión técnica fotográfica. Al margen, dejo tarea al lector: el enigma a descifrar del personaje retratado, que alimenta la imaginación con el sincretismo de su disfraz (mezcla rara de penúltimo cruzado europeo con diablada de Oruro). Si musicalizáramos esta tapa podría ser con el tema de Ataque 77, ese que dice: “Sudamérica es así, qué esperas, esto es pura realidad”.

Las direcciones imaginadas que mencionaba, de lo técnico fotográfico y su devenir imagen, nos lleva a una rememoración de los sistemas cibachrome, sobre todo por la afinidad luminosa que adquiere el color por transparencia; la otra dirección y en la misma sintonía cromática, pero más contemporánea, es la imagen en pantallas.

El brillo y la nitidez desbordan. Una clara marca de lo contemporáneo. Los colores y sus matices se magnifican y presentan en sí, avanzando hacia un espectador pasivo hasta atraparlo.

Quienes venimos de la fotografía analógica, supimos distinguir lo que la ingeniería de películas daba según lo que estaba prefigurado por sus constructores. Un rojo o un verde de Kodak no era lo mismo en Fujifilm o en Agfa. Al respecto y abriendo lo que podía imaginarse como significado y sentido, el componente técnico se prefiguraba en clave encriptada. Al respecto, es indudable el aporte teórico de Vilém Flusser, en los años ochenta del siglo pasado, en favor de una libertad creativa respecto a esas cuestiones programadas. Hoy tenemos el algoritmo en su reemplazo que conectó esos saberes técnicos de manera conjunta con prerrogativas ideológicas en el orden de lo que se ve o se deja de ver. Incluso a veces de un modo más que evidente.

Pero bien, esto es sólo el principio. Algunos detalles de hechura y lo que podría evocar son tan sólo un prólogo a una disposición de lectura y no a una constricción de esta. Porque a fin de cuentas, se trata de imágenes creativas que suman un fotolibro. Una apertura sensible a lo que desconocemos.

No me detendré en las imágenes que lo conforman porque entiendo que la palabra escrita tiende a una posible orientación de sentido. Ese tipo de orientación muchas veces fija ese sentido y proscribe las múltiples posibilidades que la naturaleza de imagen contiene per se. Entonces, que la imagen se manifieste en sí, en sus insondables capas de apertura, es un permiso necesario. Que construya conocimiento sensible es una posibilidad latente y un desafío del lenguaje.

Diré sí que una buena elección del autor/ editor, es que el libro transcurre de principio hasta cerca del final con fotografías. No hay palabras escritas, ni epígrafes. No sabemos qué lugares son los que muestra en sus escenas, aunque podamos intuir por simbologías recurrentes del orden popular, político y religioso que allí hay algo más que extrañamiento. No hay acrobacias de diseño y puesta en página. Podemos verlas con tensa calma. A fin de cuentas, este fotolibro es un espacio limpio  y sin estridencias que favorece el encuentro con la imagen.

Después, cerca del final, sí están el prólogo, los prólogos, las palabras posliminares.

Un último detalle de la edición es que la imagen que comenzaba el libro en la primera versión de 2016 esta vez es la que cierra la propuesta. Un detalle no menor, significativo para pensar procesos y crecimientos de obras y autores.

 

Santiago Hafford, La vaca atada, autopublicación con apoyo de Mecenazgo Cultural, 2021, 48 págs.

21 Abr, 2022
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