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Flugt / Flee

Jonas Poher Rasmussen

CINE y TV

Los documentales animados entrañan una contradicción. Por un lado, al no estar su relación con “lo real” autorizada por la indicialidad fotográfica, tienen que construir su credibilidad de un modo programático. Por otro, nunca nadie dijo que los dibujos animados tuvieran una relación ontológica con la verdad, como sí se dijo de la fotografía, así que cuando son eficientes, su credibilidad es, paradójicamente, inimpugnable. Por ahora —aunque la historia del uso de animación en los documentales es larga, hay cierto consenso en que la película israelí Waltz with Bashir (Ari Folman, 2008) es el primer largo documental íntegramente animado— una de las estrategias para propiciar en sus espectadores una actitud de adhesión a su carácter documental es precisamente su tema, la elección de episodios históricos que de alguna manera convoquen esta forma. Y aunque pueda pensarse en la muy mecánica noción de que se documenta con animación lo que no pudo documentarse con una cámara, creo más bien en que hay historias traumáticas tan duras y difíciles, que se documentan mejor con animación que con una cámara. Será por eso que los documentales animados más logrados hasta hoy cuentan historias infames como la invasión israelí al Líbano en 1982 (el de Folman), el tiroteo en un campus universitario tejano en los sesenta (Tower, Keith Maitland, 2016), la odisea burocrática para lograr un aborto legal en la Argentina hace apenas unos años (Vicenta, Darío Doria, 2020), o la vida de un refugiado afgano en Europa, tema de Flee.

El sustantivo original del título danés (flugt, huida) y el imperativo de su traducción al inglés (flee, ¡huye! o ¡escápate!) en principio refieren a la situación de Amin (seudónimo del protagonista, porque la animación aquí es también una estrategia para proteger su identidad) y su familia, obligados a salir de Afganistán a principios de los noventa, tras la toma del poder por los muyahidines después del período soviético. Pero pronto es evidente que también habla de una huida en muchos otros sentidos. La familia tiene que escapar primero de Afganistán, luego y más de una vez de la decrépita Unión Soviética, pero también de traficantes de personas, de la policía de Moscú, de contenedores apilados en barcos de carga, de un inminente naufragio en el mar Báltico. Así es como “huir” es el gesto que forma la identidad de Amir incluso cuando ya está a salvo en Copenhague, desde donde cuenta su historia. Amir intenta en un principio escapar de su identidad sexual, luego de un matrimonio y la promesa de una vida sin sobresaltos, y sobre todo, de la verdadera historia de su periplo de refugiado —el secreto que ha mantenido por años y que ordena el relato—.

La situación de los refugiados en las avanzadas democracias de la rica Europa occidental es un tema muy presente en el cine de hoy. Hay documentales clásicos como Fuocoammare (Gianfranco Rosi, 2016), brillantes reconstrucciones dramáticas como Terraferma (Emanuele Crialese, 2011) e incluso versiones en inopinado tono de comedia como la reciente Limbo (Ben Sharrock, 2020) —quizás la que más se acerca desde la ficción al tono testimonial y confesional que tan bien conquista Rasmussen—. Es sin duda un tema que convoca, como la historia de Amin, la forma del documental animado y exige una mirada crítica. Encontramos esta mirada en plenitud hacia el centro de la película: a punto de hundirse en un ruinoso buque de carga con el que intentan llegar a Escandinavia, Amir y los suyos de repente encuentran su salvación al cruzarse con un crucero o ferry que de tan grande les hace sombra, y a cuya borda se asoman muchos curiosos, algunos con cámaras. Mientras sus compañeros celebran el rescate (que no es tal, en realidad sólo los devuelven a Moscú), Amir confiesa lo que sintió en ese momento: vergüenza. Rasmussen asienta así el tema de fondo de su película —la vergüenza—. Pero no la que siente Amir por su sexualidad, sus mentiras a las autoridades danesas o su estado de indigencia, sino la de las ricas democracias de la Europa occidental por su inhumano tratamiento de los refugiados.

 

Flugt / Flee (Dinamarca, 2021), guion de Jonas Poher Rasmussen y Amin Nawabi, dirección de Jonas Poher Rasmussen, 89 minutos.

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