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Crónicas reunidas (VI)

Joaquín Edwards Bello

LITERATURA IBEROAMERICANA

La figura del cronista diletante tomó extrema relevancia en el siglo XIX y luego, por precipitación, se hizo extensiva al XX. Miembro de la más alta burguesía o emparentado con la aristocracia, esta figura encarnaba al verdadero “sujeto de supuesto saber”: conocía al dedillo el curso de los acontecimientos mundiales, ya fueran surgimientos de nuevos cuadros políticos que pusieran en jaque al establishment, ya fueran extrañas ceremonias provenientes de lejanas culturas; también hablaba varios idiomas y lograba, a su vez, concluir en un tipo de pensamiento, destilado del más meditado saber, que lograba engastar hasta volverlo algo común al orden lógico.

La mecánica de empuje que hace a la escritura de Joaquín Edwards Bello (Valparaíso, 1887-Santiago de Chile, 1968) se corresponde con lo anteriormente dicho. No es sino su estirpe cosmopolita la que le permite reconocer singularidades, aguzando el oído para luego disertar con elocuencia sobre los más diversos asuntos. La temática podía ir desde el espíritu de la nación chilena, sus usos y costumbres, hasta los versos de Lugones, pasando por el fascismo (con el que ciertamente comulgaba) y la revista Sur, el chiste y su relación con lo cotidiano, y mucho más.

En las crónicas del bienio 1938-1939, reunidas en un tomo de más de quinientas páginas y que hace al sexto volumen de la biblioteca Edwards Bello, se alcanza a detectar la densidad ambiental de un mundo a las puertas de su fractura. Por ejemplo, en “Navidad de sangre”, Edwards Bello arranca aclarando que “hay más de doscientas mil maneras de apreciar cada cosa que pasa en el mundo” y luego se encarga de pasar revista de la heroica marina alemana presta a combatir con brío contra los aliados. Por momentos parece que sus lecturas escamotean la realidad sensible, pero luego —y con una buena dosis de intuición— acierta en el diagnóstico: “Tendremos una de las guerras más largas y feroces de la historia. Guerra que salpicará a todos los pueblos”.

Pero el libro ciertamente no gira alrededor de las particularidades del conflicto. Su ojo entrenado lo acerca por momentos a la poesía: “El verdadero poeta es vidente”. Su buen gusto literario hace apropiación de reflexiones ajenas, menos por una fidelidad al manierismo de las formas que por una vocación solidaria con la cadencia de una idea. Para hablar de la Novela de las carreras hace uso de un pensamiento de Morand: “Los caballos corren en medio de las flores en el más hermoso hipódromo del mundo”. Utiliza la noción de “dinámica del cruce” que caracteriza lo sudamericano para poner reparos a la idea de “pureza” proveniente de Europa, etcétera.

Pero hay algo que es sumamente característico de la pluma de Edwards Bello y es su propensión al desenlace en forma de estocada: cada una de sus entradas cierra perfectamente en una frase con justas dosis de moral y sapiencia. Esta es una enseñanza que nos debemos si deseamos recobrar su herencia.

 

Joaquín Edwards Bello, Crónicas reunidas (VI), 1938-1939, Ediciones Universidad Diego Portales, 2019, 536 págs.

 

31 Mar, 2022
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