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The Velvet Underground

Todd Haynes

CINE y TV

Dos linderos: la música y el melodrama recorren la filmografía de Todd Haynes, donde a veces se cruzan, otras se ceden el paso y casi siempre se unen; la palabra melodrama encarna la feliz unión de la música (melos) y el drama. El primer documental del director, The Velvet Underground (2021), que llega treinta años después de Poison (1991), su primer largometraje, se centra en la música. Es extraño que Haynes sea demasiado decoroso para su talentosa talla. Con este filme, el creador habla de la banda de rock estadounidense, sí, pero también de él mismo. Al volver sobre el tema del fuereño (la palabra que, quizá, mejor reproduce el margen de outsider), que tan bien representan Lou Reed, John Cale y los otros integrantes de The Velvet Underground, Haynes confiesa y confirma su afinidad con “los raros”.

Tanto en sus melodramas (Lejos del cielo, 2002; Carol, 2015) como en sus cintas que retoman a músicos (Velvet Goldmine, 1998, donde recurrió, entre otras, a la figura de Lou Reed; I’m Not There, 2007, biografía coral de Bob Dylan), el director ha narrado la transgresión social, sexual, racial, de clase y de pensamiento de los rechazados. La decisión de Haynes de hacer un documental parece arbitraria, pero la narrativa y la forma de esta película reafirman su genuina afinidad con la poesía de los inconformes, quizá por ello sus filmes están inspirados en la lírica de Baudelaire, Rimbaud, Wilde y Genet. El culmen de este desajuste es, por supuesto, Safe (1995), filme sobre una mujer que parece incómoda incluso en su propio cuerpo, alérgica a su tiempo y espacio.

El procedimiento del director en The Velvet Underground es notable. Con la pantalla dividida, el filme retoma elementos de la instalación de arte, el peso de la pieza recae en sus aspectos formales, una obra expandida con imágenes cinematográficas, sonoras, pictóricas, fotográficas, que en un primer movimiento sugiere una reflexión sobre cómo nos desplazamos entre pantallas de diversos tamaños para hacer los quehaceres cotidianos. Lo más interesante, sin embargo, es lo que aparece por detrás de esas dos o más ventanas en el cuadro. Antes que nada, el documental es una película de Todd Haynes, así que lo que subyace es potencia.

La imagen de la ventana es invitante: es una reflexión sobre la pulsión escópica, pero también un límite, el umbral que permite atravesar o no un espacio. La cinescritura de Haynes se basa en ese principio, sus personajes son vistos enmarcados por puertas o ventanas o a través de cristales; ellos mismos miran conservando la distancia. Tal vez por eso se relaciona al director con Edward Hopper, el pintor realista de la soledad y la desolación al que, cómo no, el cineasta ha recurrido en varios momentos. Es la dramaturgia de la alteridad, de la condición de intercambiarse con otro, la que se convierte en un gesto estético que define la mirada de Haynes.

Por momentos las múltiples ventanas en la pantalla de The Velvet Underground impiden que el espectador sea parte del efecto fílmico de inmersión, dejándolo varado, detenido en el margen, en la línea que el forastero es incapaz de cruzar. En otras ocasiones la sumersión se logra al expandir la pantalla a casi todo el cuadro, sin ventanas simultáneas, haciéndole sentir la experiencia del espacio de libertad, donde el drama de los músicos atribulados se diluye en su música.

Ya sea a través de Lou Reed o alguna ama de casa frustrada que disfraza su tristeza, Haynes cuenta la historia estética de los raros, una larga historia que no deja de interrogar sobre qué vestido se pondrá la pobre muchacha en las fiestas del mañana…

 

The Velvet Underground (EEUU, 2021), guión y dirección de Todd Haynes, Apple TV+, 110 minutos.

20 Ene, 2022
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