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Para leer poesía sin instrucciones. Sobre “Antología temática de la poesía argentina”

DISCUSIÓN

Ante la aparición de una nueva antología de la poesía argentina uno puede preguntarse muchas cosas. Una antología ¿para qué?, ¿para quién? Se puede hojear para intentar constatar rápidamente si hay algo de lo que no se tuviera noticia, algo que se haya escapado a la voracidad del lector de poesía, o para ver, simplemente, a quién se ha incluido y a quién no. Si el libro se titula, además, Antología temática, la primera aproximación puede ser aprensiva: ¿no habíamos quedado, desde el formalismo ruso, pero también desde antes, en el barroco, en que el tema en poesía es secundario? ¿Cómo se podría realizar una antología “temática” de la poesía argentina?

Este libro contesta (bajo la selección de dos investigadores del Conicet, Luciana Del Ghizzo y Facundo Ruiz, con prólogo de Américo Cristófalo y publicado por la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires), sin decepcionar, todas las preguntas, y lo hace de un modo inesperado. Propone una serie de temas que operan como líneas organizadoras de la aparición de poemas de autores diversos, desde los inicios de la poesía nacional, con La lira argentina, hasta los últimos textos publicados. Estas líneas son títulos de secciones, como “Política”, “Geografías”, “Amor”, “Trabajo”, y no están acompañadas de explicación alguna: pueden ser abarcadas como totalidades, pero abiertas; atravesadas, como cruces de caminos; o sólo rozadas, como zonas de un mapa en cambio constante. Los poemas que siguen a un título no son los que se asocian habitualmente a un tema, como una certeza o una evidencia. El libro funciona como una caja de sorpresas: se abre la tapa y salta el poema que no se esperaba. Por ejemplo, no hay ningún poema de Borges en la sección “Ciudad, ciudades: centro y barrios”, como en “Política” no está “Hay cadáveres” de Néstor Perlongher. La antología no sólo elude así el peligro de su superfluidad como libro, sino que delinea flujos de tensiones que desarman y rearman un nuevo mapa de la poesía argentina, e invita a diseñar redes de distribuciones alternativas de intensidades variables. El tema funciona, entonces, como un polo de atracción, como un trabajo a realizar, una búsqueda literaria, y no como un punto de partida determinado de antemano. Desde este lugar, plantea una discusión con otras antologías, como la aparecida en Alfaguara en 2011, 200 años de poesía argentina, con selección y prólogo de Jorge Monteleone, que funciona a la manera tradicional. Si bien Monteleone plantea en el prólogo de ese libro el diseño de una cartografía ligeramente desplazada de los cánones establecidos en la pedagogía de la literatura argentina, e incluye a poetas hasta ahí casi marginales, explicando su inclusión con una breve y acertada descripción de una poética singular, es un libro de “autores”, de singularidades estilísticas.

En el caso de la Antología temática de la poesía argentina, uno se encuentra con un libro que promueve un lector emancipado, en términos de Rancière: alrededor de cada tema o sección se juega el recorrido entero de la poesía argentina, y este recorrido se reescribe cada vez. Por ejemplo, bajo la rúbrica “Violencias” se lee desde Vicente López y Planes hasta Hugo Emilio Sánchez, pasando por Lugones, Almafuerte, Viel Temperley, Juan L. Ortiz, Osvaldo Lamborghini, Susana Thénon, Mariano Blatt, entre otros. Esto produce un efecto de extrañamiento que da vitalidad al conjunto: a través de los poemas se lanzan proyecciones de legibilidad no lineales, en una sintaxis paratáctica y poética única que incita nuevas lecturas móviles, juegos de genealogías fantásticas, como las de “Kafka y sus precursores”.

Esta antología es una lectura crítica de la poesía argentina en un sentido fuerte. Se desliza (y hace deslizar con él al lector) por líneas de fuga que operan como un juego de prestidigitación que extraña lo que se creía conocer y obliga a pensar todo de nuevo; en esa distribución, cada poema brilla por sí mismo en su cualidad única, y arma o desarma pequeños conglomerados con otros.

El libro imagina o promueve lectores diversos: para el que no ha leído mucha poesía, propone un recorrido bien documentado con datos biográficos de los autores y citas bibliográficas; para un lector que ha leído un poco, es una invitación a completar sus lecturas; para quien haya leído mucha poesía, ofrece la diversión de asistir a un reacomodamiento de la escena que modifica las lecturas establecidas.

Este último lector puede dedicarse también a un juego de adivinanzas y leer el poema sin saber a qué autor pertenece (la cita autoral se encuentra al final de cada poema). Esta lectura resalta la cualidad diferencial de cada poética, como sello o firma de autor, en un nivel a la vez mínimo y máximo. Antología nueva que funciona como contracara estimulante y divertida que pone en cuestión el género, y que, seria y bien documentada, se corre de los cánones conocidos; que apuesta por una novedad que propone emergencias de lo no conocido o silenciado, como poemas escritos por mujeres en el siglo XIX y principios del XX; se justifica a sí misma, invita a la lectura. A fin de cuentas, cada nueva época relee y reescribe la historia a su manera; y, cada vez, el género se pregunta por su propia validez, por su actualidad, por su necesidad o superficialidad.

Y la respuesta no es solamente un libro: para los tiempos que corren, tiempos de velocidad y consumo, tiempos de interpelación inmediata, la respuesta es una galaxia, con constelaciones, vías lácteas y hasta meteoritos dando vueltas. Un libro con distintos recorridos, que suscita interrogantes y que también puede leerse de corrido. Un libro que cuestiona los modos de leer y de agrupar, pero que es a la vez una afirmación: sí, vale la pena volver a leer ciertos textos, para dar cuenta de la pluralidad de que está hecho eso tan difícil de definir, ese imaginario, la poesía argentina. Da, sobre todo, la respuesta más fundamental a cualquier pregunta: la poesía argentina existe, desde los inicios, en el sentido fuerte de existir. ¿Se podrá afirmar lo mismo de otros géneros?

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