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Filoctetes en tres tiempos

DISCUSIÓN

Filoctetes, el del pie herido y maloliente, desterrado a la isla de Lemnos, es el punto de partida del proyecto artístico y de archivo llevado a cabo por Emilio García Wehbi y Maricel Álvarez. Intervención urbana, archivo físico y digital, simposio, exhibición, libro, Filoctetes resulta una caja de resonancia de las coyunturas y vicisitudes sociales, culturales, políticas y sanitarias modeladas con la matriz capitalista del siglo XXI. Pero resulta sobre todo una serie de gestos poéticos y reflexivos que, sobreponiéndose a las laceraciones que se acumulan a lo largo de esta veintena de años, traman conversaciones sobre las posibilidades de una imaginación estética y política para su tiempo.

Tiempo del acontecimiento: intervenir la ciudad. La mañana del 15 de noviembre de 2002 Buenos Aires despierta con veinticinco muñecos hiperrealistas de estatura humana, dobles inanimados de los mendigos y los sin techo que se multiplicaban en las calles, colocados en distintos lugares de la trama urbana. La acción se repite en Viena, Berlín y Cracovia entre aquel año y 2007. La recepción fue variopinta, la prensa particularmente amarillista. Por un lado, el Proyecto Filoctetes busca intervenir estéticamente en un tejido lastimado por la crisis del 2001, hacernos pensar en la delgada línea que separa estar dentro y fuera de un sistema totalmente colapsado. A su vez, hacernos saber que se trata de muñecos, que son ficción y, sin embargo, tan reales, tan próximos a un entorno naturalizado. Luego de la intervención, una semana después, se realizaba un seminario en el Centro Cultural Rojas de la Universidad de Buenos Aires donde se llevaba a cabo el debate sobre lo sucedido. Horacio González reflexionaba en aquella ocasión que “las experiencias artísticas más riesgosas son las que parten de la invitación a decidir qué se está viendo […] cuando ese acuerdo no existe” aún. Se trata entonces de crear estados de conversación —como describe Marcelo Percia— a pesar del desconcierto, del sobrecogimiento, de la impotencia, de la falta de acuerdo.

Entre tiempos: el archivo. En conversación con Álvarez, Jesu Antuña se pregunta por la inscripción temporal del archivo. Un dispositivo, en el caso de Filoctetes, que busca dar cuenta del pasado a la vez que se abre al presente, actualizando críticamente las ideas a través sobre todo de su sección “Derivas”, donde intelectuales y artistas leen aquella intervención del espacio público en clave contemporánea. Agregaría igualmente una inscripción futura del archivo, una construcción que se piensa y se hace siempre para la posteridad, para el porvenir, como advierte Jacques Derrida: “La cuestión de una respuesta, de una promesa y de una responsabilidad para mañana. Si queremos saber lo que el archivo habrá querido decir, no lo sabremos más que en el tiempo por venir. Quizá”.

En ese entre tiempos que cobija el Archivo Filoctetes, unas imágenes coagulan los gestos del encuentro inesperado de los transeúntes con los muñecos dispuestos en las calles de las distintas ciudades. Ese encuentro entre la performance viva y la imagen fotográfica, lejos de ser una pérdida en relación a la experiencia aquí-ahora, es la posibilidad de detenerse en “una variadísima colección de gestos”, como observa Graciela Speranza. Expresiones fugaces de incomprensión, de empatía, de curiosidad, de indignación y, sobre todo, como señala Giorgio Agamben, del gesto como esfera del ethos propia de lo humano.

En esta misma línea, el teatro ha hecho del gesto un concepto y una operación poética y política potentes: el gestus brechtiano cristaliza, vuelve ostensible la estructura fundamental de las relaciones sociales como articulación entre lo individual y lo colectivo. Aquí, aquella relación que se teje entre los transeúntes y esos Filoctetes arrojados a la intemperie, a la marginalidad. Así, entre la memoria de la performance y los registros fotográficos que guarda el archivo, los ensayos de Shaday Larios, Victoria Pérez Arroyo y Rodrigo Parrini se suman a la reflexión acerca del modo en que los transeúntes y luego nosotros mismos, lectores, elaboramos el sentimiento de malestar, el contacto con el otro y los actos de mirada frente a esas escenas dramáticamente cotidianas que ignoramos o preferimos no ver. En esta dirección, y pensando en su intervención, García Wehbi vuelve sobre sus pasos y expone: “Tanto los gobiernos neoliberales como los populistas han construido sus sociedades sobre una pila de zombis. Y también somos zombis los que no nos hemos caído aún del sistema, porque necesitamos serlo para sobrevivir dentro de sus inflexibles reglas”.

Tiempo de montaje: el libro. Con curaduría de Maricel Álvarez, publicado recientemente por DocumentA/Escénicas, el volumen Archivo Filoctetes. Artes vivas, espacio público y documentación recoge la intervención urbana llevada a cabo por García Wehbi y equipo, la trayectoria del trabajo archivístico que la curadora comienza a realizar en 2020 en el contexto de la pandemia y, finalmente, la propia experiencia de edición. Se trata de un artefacto que, en línea con la singular propuesta editorial dirigida por Gabriela Halac, despliega esas capas de tiempos, prácticas y pensamientos en un montaje de textualidades e imágenes heterogéneas —ensayos, manifiestos, registros fotográficos, notas periodísticas, documentos de producción— que juega con sus formatos y su composición creando texturas y collages visuales, de lectura y de sentido. Así, el libro se configura como un dispositivo que busca poner en conjunción la experiencia performativa y su memoria fijando —en papel— aquello que ya resulta una tarea paradojal para el archivo de las artes vivas. “¿Cómo documentar emociones? ¿Los documentos transpiran, gritan, tienen dolencias, huelen? No es sólo un juego poético formularse estas preguntas”, señala la curadora.

Colofón: tiempos de la conversación. La intervención de Emilio García Wehbi contó con un equipo de unas sesenta personas entre los asistentes que cuidaban a los muñecos y hablaban con los transeúntes, los fotógrafos que registraban la acción, la participación de Norberto Laino y Julieta Potenza en el diseño y realización de los muñecos y de la propia Maricel Álvarez encargada de la documentación y la producción. Luego, se desarrolló el seminario-debate. Como se comentó, el formato se reprodujo en las otras ciudades y en 2005 Filoctetes se desarrolló como un simposio-exhibición-taller en la Universidad de Artes y Diseño de Kioto, tras la suspensión de la intervención en la ciudad un año antes. En el caso del archivo, como también se mencionó, se extiende la conversación en lecturas que traman reflexiones sobre las coordenadas del presente. En diciembre de 2021, con motivo de vigésimo aniversario del estallido de 2001, el Archivo Filoctetes organizó igualmente un simposio y una exhibición en el Centro Cultural Kirchner. Y finalmente, la publicación del libro sigue construyendo instancias de diálogo y colaboración a través de los ensayos y entrevistas de González, Larios, Speranza, Pérez Arroyo, Antuña, Parrini, Percia y los propios realizadores —Álvarez y García Wehbi— que amplifican las preguntas y las hipótesis que se plantean la curadora y la editora del volumen.

La conversación no será sobre la base de un acuerdo preexistente, nos decía González; e incluso puede iniciarse cuando se entra en un prolongado silencio, como amplía Percia. Agujerear brevemente la realidad, pensar nuevamente los pactos de la ficción, producir acontecimientos, conversar a pesar del desasosiego, tramar dispositivos para una comunidad por venir. En medio de la destrucción sistemática de las instituciones y redes que sostienen nuestra cultura, incluidas las del campo editorial, la publicación del libro resulta otro gesto de afecto y resistencia, como se nos dice desde la retiración de su contratapa. Y allí radica la potencia de Filoctetes: en el despliegue de sus tiempos y de sus múltiples formas de existencia.

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