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Una isla fuera de sí. Sobre Proyecto Huemul, de Agustina Triquell y Manuel Fernández

DISCUSIÓN

Cuando la muestra de Agustina Triquell y Manuel Fernández terminó, no había tenido tiempo de verla. Entonces, la tarde posterior al cierre y antes del desmontaje, me fui al Espacio LAR y abrí el lugar para mí. Visitar una exhibición fuera de horario, cuando nadie mira, tiene algo de percepción neutra (y por eso, un poco perversa), parecida a la de estar en una escuela de noche. Días antes, había leído algunos textos de lxs artistas a propósito de este proyecto y volvieron como voz en off de mi recorrida solitaria.

Soberbia perspectiva de frondosos bosques fue el episodio II del Proyecto Huemul que Triquell y Fernández mostraron en LAR, Buenos Aires, en julio. El episodio I, El hombre que amaba a los gatos, había ocupado la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba en 2018. Entre uno y otro, la editorial Asunción editó una publicación con textos y fotografías del proyecto.

Huemul es el topónimo de una isla del lago Nahuel Huapi en Bariloche. También es el nombre del proyecto que, con el apoyo del presidente Perón, lideró el físico austríaco Ronald Richter entre 1949 y 1952 en un laboratorio construido en esa isla con la finalidad de producir energía por medio de reacción controlada de fusión nuclear. Y, por último, es un proyecto artístico que Triquell y Fernández desarrollan desde 2013 sobre la historia del otro proyecto del mismo nombre y que incluye acciones efímeras, fotografías, site-specifics y el archivo de esas experiencias.

Richter emigró a la Argentina luego de la caída de Hitler y tras rechazar la oferta de radicarse en Estados Unidos donde, al parecer, no lo dejaban entrar con Epsilon, su gato. El 24 de marzo de 1951 anunció haber producido energía nuclear en Huemul, pero algunos colegas lo desmintieron. Perón ordenó auditar el proyecto. Una comisión encabezada por el científico argentino José Antonio Balseiro redactó un informe que hablaba de la irracionalidad de todo. Huemul se canceló y la isla fue abandonada. Con los restos del laboratorio, Balseiro fundó el instituto que hoy lleva su nombre y es de los mejores del mundo en física nuclear. Tiene su sede justo enfrente de la isla, en el continente.

En una búsqueda rápida de Internet encuentro que la interpretación de lo que pasó oscila entre la corrupción y la confusión. Aunque la generación de energía nuclear del modo en que Richter quería hacerlo parece ser un fenómeno tan difícil de explicar como el peronismo mismo. Las versiones de los distintos especialistas con los que Triquell y Fernández se entrevistaron también resultaron ser contradictorias entre sí. Igual que antes, algunas personas defienden a Richter y otras lo denostan. Es posible que no haya sido un loco que engañó a Perón y que, en cambio, estuviera adelantado a la capacidad instrumental de la época. Tan posible como la inversa.

Ahí empieza el Proyecto Huemul de Triquell y Fernández. Donde fueron a buscar el esclarecimiento del asunto y se encontraron un manojo de cables viejos y enrollados que trataron de estirar pero se volvían a torcer infinitamente a lo cinta de Moebius.

El episodio I se situó en Córdoba porque, al parecer, allí ocurrió una antesala del proyecto de Richter vinculada a la producción de aviones a propulsión nuclear. En la muestra, una maqueta del fuselaje de un avión y la gigantografía de oficiales de la Fuerza Aérea aportaban algo más al chisme. Algunas de las fotografías expuestas tenían en común haber sido tomadas desde una altura media, un punto de vista conocido como “vuelo de pájaro”. Eran imágenes seguramente capturadas desde una avioneta que circunvoló la isla. Se ordenaban con otras fotografías de archivo de la fachada de la universidad donde estudió Richter o de una ciudad de Europa en ruinas, y con el retrato de un gato siamés posando en un infinito. Armaban una suerte de relato en flashes de la vida del científico antes de llegar a su laboratorio en medio del Nahuel Huapi. El blanco y negro homogéneo y en un montaje old school con varilla de metal y tanza, jugaban a cifrar un tiempo para la exposición, el mismo en que se conjugaba el verbo “amar” en el título: pretérito imperfecto.

La “soberbia perspectiva de frondosos bosques” que titula el episodio II podría ser una descripción de la isla desde el aire. Es decir, este episodio comenzaría donde nos dejó el anterior, en la llegada de Richter a la isla. La frase está tomada de una emisión del noticiero Sucesos Argentinos que anunciaba el Proyecto Huemul como una promesa y a Richter como un “sabio”. En esta segunda muestra se veían cuatro tipos de piezas: un herbario de vegetación autóctona de la isla desplegado en mesas; una “maqueta” de Huemul a escala en cemento sobre el piso; cuatro fotografías a color de las ruinas del laboratorio, de algunos de los equipos y de las olas del Nahuel Huapi, que llamaban la atención del público por lo fulgurante de su azul; y, por último, la reproducción de una supuesta captura anónima del monstruo Nahuelito emergiendo del lago. El espíritu general del montaje era museístico, de viejo museo de ciencias naturales, aunque desmantelado, como si hubiera existido algo que ya no. El conjunto daba cuenta de la visita de Triquell y Fernández a Huemul pero de una manera fragmentada, espaciando las sensaciones y disponiéndolas en esas piezas sin conexión explícita entre ellas. La vinculación se daba por la tradición que comparten la fotografía, los catálogos de especies y las reproducciones a escala en la tarea de describir y ordenar porciones de mundo. El gesto positivista se imitaba con ironía, porque lo complejo de narrar no es la geografía de Huemul, sino sus hechos. La presencia de una evidenciaba la ausencia de lo otro.

Si el episodio I situaba las coordenadas temporales de posibilidad para que esta historia existiera, el episodio II formulaba el concepto de paisaje como un lugar cuya existencia es efectiva pero cuya entidad es necesariamente imaginaria. Se trata de un ejercicio valioso por lo urgente: intentar, a través de la historia, una articulación de lo incoherente entre la naturaleza y el Estado.

Hoy Huemul es visitada por tours turísticos que zarpan en lancha desde Playa Bonita. Hace treinta años, Lina iba con sus primxs y su tío a pasar la tarde durante los veranos. Se metían entre las ruinas del laboratorio y jugaban a descubrirlo cada vez. Lina es una amiga que el último día del episodio II en LAR llegó con una carpeta rotulada “Huemul” y otra con la etiqueta “Nahuelito”. Su tío, el mismo que la llevaba a la isla, escribió un libro sobre la historia de Richter y su papá trucaba fotos de un monstruo del lago para sembrar inquietud en lxs chicxs de la familia. Esos fotomontajes se filtraron en una casa de revelados y, a mediados de los noventa, aparecieron en una revista a todo color con un titular poético: Retrato de un misterio. Lina también guarda el recorte en su carpeta.

El día del cierre, Lina tenía el gesto iluminado de quien visita un misterio de su infancia y tiene la dicha de encontrarlo intacto. Se pusieron a charlar con Triquell y Fernández y todo se reavivó: los nombres de quienes más saben del tema, la memoria de los equipos abandonados, la dificultad para explicar qué tipo de fenómeno nuclear fue el que supuestamente se produjo en la isla.

Agustina y Manuel le contaron a Lina cómo lxs recibían cuando se presentaban como artistas que realizaban una investigación artística. Casi citaron uno de los textos de la publicación, “al parecer dábamos la impresión de no entender nada”. La portación de cámara les dio passing en la isla y a la vez, creó nuevas confusiones, “Marcelo nunca dejó de sospechar que éramos periodistas. Eso piensa la gente en el momento que ven una cámara fotográfica”.

La publicación del proyecto reúne fotografías tomadas en la isla y recortes de archivos públicos. Al margen de cada página, lxs artistas citan frases breves de algunos de sus informantes y también dan a conocer “sus propios descubrimientos”. Esos pequeños textos mantienen la contextura de la oralidad como la principal fuente de información y terreno de trabajo del dúo. Porque hacer obra de a dos implica, al final del día, pronunciarse en voz alta para decirse unx a otrx lo que se piensa, aunque sea un garabato, una percepción vaporosa o una respiración fuerte. Este proyecto valora ese material que, en un principio parecía residual, diferente de la verdad unívoca. Triquell y Fernández trabajan sobre la sensación fallida de encontrar que el objeto de estudio es nada o muy confuso y la convierten en una honestidad precisa: la de mostrar del tiempo lo perdido.

Ante la cantidad de datos y testimonios dispersos e insondables, la fotografía les permite a lxs artistas detenerse en las apariencias y ganar tiempo en la feroz hermosura de la isla cuya escabrosa anécdota no ensombrece. Detenerse, en palabras de Silvia Schwarzböck, en ver qué hay cuando nadie mira.

El laboratorio en Huemul recreaba el tópico de la terra incógnita a la que se llega por agua. Isla y experimento eran homónimos. En el momento en que Richter llegó a la isla, se le debió configurar como algo distante. La separación física del resto del mundo es fundamental para el descubrimiento de nuevas teorías o ficciones.

El episodio III del proyecto, aún sin fecha definida, sucederá mirando la isla de lejos, simulando una partida. En la distancia entre la Playa Bonita y Huemul, donde el papá de Lina aseguraba, y la foto era la prueba, ver al monstruo del lago.

 

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