Inicio » TEORÍA Y ENSAYO » Diario de Galileo

Diario de Galileo

Macarena Marey

TEORÍA Y ENSAYO

El género del diario filosófico no es del todo insólito, pero este, igual, es único en su especie. Porque no es sólo filosófico, por empezar, no al menos si nos atenemos a definiciones rígidas, poco generosas, poco interesantes de la filosofía como saber abstracto y “desinteresado”. Y porque tampoco es un simple diario: la intimidad no se escamotea, pero no está en el centro y más bien se la hurta en momentos clave, recordándonos que en última instancia la vida —la vida del cuerpo y los días, de los abrazos y los cuidados, del amor y el cansancio de una madre— no entra en un libro, por más diario íntimo que sea. La estructura cronológica del diario también está intervenida, como si quisiera desordenar por completo las lógicas del aprendizaje y del crecimiento: no hay una única línea de progreso, ni para el hijo autista ni para su madre filósofa ni para nosotres, lectores, aunque la misma actividad de avanzar por las líneas de una página y las páginas de un volumen produzca esa ilusión. 

La extrañeza del dispositivo que es Diario de Galileo estriba también, quizá sobre todo, en su apuesta paradójica de explorar, con palabras, la convivencia con la ausencia de palabras. En el vínculo entre hijo autista, Galileo, y madre filósofa, esa convivencia es de lo más íntima e imponente, porque Marey es plena, a veces dolorosamente consciente de su propia larga familiaridad con el lenguaje (casi bordeando la adicción, pienso, como filósofa amante del lenguaje que también soy): “La filosofía es la disciplina más logocéntrica posible”. Pero creo que la experiencia de esa convivencia del sentido y su reverso acecha, o anida, con distinto peso en la vida de todo el mundo, aunque demasiadas veces la sintamos amenazante en vez de nutricia y nos esforcemos por taparla. El lenguaje, también para quienes lo tenemos, para quienes vivimos en y de él, es “el hábitat de lo que no vamos a entender jamás”: negarlo no nos hace ningún favor. Y este hilo se entreteje por lo bajo con el otro gran argumento transversal del diario: el impulso “tan humano (tan estúpido)” de negar la discapacidad, negar la vulnerabilidad y la diferencia, negar el dolor —destructivo y transformador a la vez—, negar el carácter invivible del mundo capacitista capitalista en que vivimos. Como si fuera cierto el viejo adagio de “ojos que no ven, corazón que no siente”. Como si todo eso que pretendemos no ver, y sobre todo pretender no verlo, lavarnos las manos de la responsabilidad por el mundo compartido, no nos estuviera destruyendo igual.

“Nadie se va con las manos vacías después de cruzarse con Galileo”, escribe Marey, y queda claro que no lo dice sólo como madre. El día de la presentación de este libro, un feriado frío y soleado en Buenos Aires, tuve la fortuna de comprobarlo: antes de las intervenciones y las lecturas —esos rituales a los que nos entregamos los amantes-adictos al lenguaje—, hubo un ratito de música y hubo un niño autista que se puso a bailar enfrente de todos con una sinceridad y una alegría y una libertad conmovedoras, francamente envidiables. En este libro eso no entra, no puede —en ningún libro, en ningún lenguaje verbal—, pero se intuye. Y dudo que alguien se vaya con las manos vacías después de leerlo. 

Macarena Marey, Diario de Galileo, Bosque Energético, 2025, 104 págs

4 Sep, 2025
  • 0

    América en sus poetas

    Edgardo Dobry

    Leandro Llull
    16 Abr

    La obra crítica de Edgardo Dobry se ha caracterizado por su capacidad de trazar grandes líneas y comunicar puntos distantes en la cartografía literaria. Al transparentar las...

  • 0

    Tenzo Kyokun. Indicaciones al jefe de cocina

    Kigen Dôgen

    Lucía Mondino Agorio
    9 Abr

    El interés por hechos, personajes y modos japoneses del siglo XIII ayuda a entender mejor el siglo XXI: esto asevera Alberto Silva, autor de la saga Zen...

  • 0

    La libertad en lontananza

    Jacques Rancière

    Marcelo Pitrola
    9 Abr

    “La libertad aún no ha llegado, pero el nuevo tiempo está bajo el signo de su idea, y esta idea ya no se deja olvidar. La tarea...

  • Send this to friend