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La obsesión del espacio

Ricardo Zelarayán

LITERATURA ARGENTINA

La obra de Ricardo Zelarayán (RZ) es puro continuo, no deja de empezar. Con la nueva edición de La obsesión del espacio lanzada por Argonauta, se vuelve a poner en circulación uno de los libros vertebrales para pensar la poesía argentina. En 1972 fue Corregidor quien lo publicó por primera vez, gracias a Norberto Soares. A fines de la década de los noventa, Zelarayán comienza a recibir una mayor atención. En 1997, Atuel hace que el libro vuelva a circular. 

La actual edición constituye la tercera aparición dentro de la serie de reediciones en español. Entre la segunda y la tercera hay que señalar su inclusión en Ahora o nunca. Poesía reunida, publicado también por Argonauta en 2009, un año antes de la muerte de RZ. A su vez, en junio de 2025, la editorial francesa Le Dilettante publica L’obsession de l’espace con traducción de Solange Gil y Antonio Werli. De esta manera el recorrido vuelve visible aquello que la obra no deja de hacer: moverse. 

Una de las primeras reseñas que tuvo fue publicada sin firma en 1973 en el primer número de la revista Literal. En ella se remarcaba la insistencia y persistencia de otro espacio, el de la página en blanco, y se agregaba que el “autor”, lejos de tramar la trama, había sido tramado en ella. Con motivo de su segunda edición, en diciembre de 1998, la revista Diario de Poesía N° 48 reprodujo el texto leído por Daniel Samoilovich en la presentación del libro, donde se recuerda que “como leyendo al Quijote, leyendo La obsesión del espacio uno se encuentra riéndose solo”. Los lectores salen del libro y se alejan, o se quedan a vivir —por qué no— como el presidente de la meada silenciosa “con radiante sonrisa”. 

Según RZ, La obsesión del espacio es un libro escrito en menos de quince días y producto de una cuádruple crisis personal. Dispuesto en tres partes que llevan por nombre “Espacios”, “Sombras” y “Lo de siempre”, las tres son alambradas —léase abrazadas— por un “Posfacio con deudas”.  

En la primera se incluyen los poemas “Un sueño de día”, “Sin tregua”, “La piedad por ‘esas imbéciles moscas’”, “La Gran Salina” y “La razón pura o el sueño de la lógica implacable”. “La Gran Salina” y el “Posfacio…” se pueden pensar como fragmentos del libro que han sabido realizar su propia andadura, es decir, desprenderse del conjunto y andar sueltos por ahí, donde el viento los amontone. Quizá “La Gran Salina” sea un espejo que no devuelve el reflejo, porque quien mira se pierde. 

Zelarayán, una escritura que hace ¿qué? Se lee (y se escucha): “Mueca del fin, / hamaca del pan, / pan de la urraca, / hurra del mal, / mismis del curro…/ Una descansada cara de dado. / Una migaja, / una desplopada, / una derramada. / Sal mi raca raca, / suma, susurro, borde en llamas, / una despierta, una durmiente, una silencio”. 

El sonido desplaza el sentido, las palabras se mueven por asociación, cambian de lugar, y la sintaxis se retuerce casi en un rezo hasta contrariar el orden de la lengua, en una sintaxis que viene de y va hacia el neobarroco, pero sin su preciosismo. 

El famoso y harto replicado, hasta el copypasteo, “Posfacio con deudas” parece cerrar el libro, pero no. Zelarayán lo ubica en el fondo y en un tiempo otro, entre durazneros, mandarinos, yuyos, ortigas y gatos de su casa en Paraná. Ahí mismo, en ese paisaje se ubica el poeta (en el litoral y en el norte) y confiesa su estética operativa: el jazz; y como Pancho por su casa dice: “el hombre es para mí mis amigas y amigos, presentes, pasados y futuros y también mis enemigos”. La presente edición incorpora un apéndice firmado por Hugo Savino, bajo el título “Ricardo Zelarayán, el poema en el oído”.  

Con La obsesión del espacio algo —antes, ahora y después— ha sido abierto y lo que abrió es imposible de cerrar. Hoy el nombre Zelarayán se vuelve a plantar, sí, y a subrayar, también, en la literatura, pero más que seguro en lo que vendrá “como un llamado telefónico urgente pero / equivocado”. Un gesto bien zelarayiano, ese de salirse de su tiempo para abrir otro. Gesto que repitió y repitió, convencido de la fuerza de su posición.  

Porque Ricardo Zelarayán es un escritor en posición de lenguaje. 

 

Ricardo Zelarayán, La obsesión del espacio, Argonauta, 2026, 96 págs. 

 

29 Oct, 2026
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