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El método Rousseau

Emilio Bernini

TEORÍA Y ENSAYO

En un hermoso ensayo de 1971, Philippe Lacoue-Labarthe indaga la posibilidad de volver contra la metafísica la distinción que ella misma establece y la degradación que supone de todo otro discurso. ¿Acaso ―se pregunta― el sueño de un decir puro, sostenido desde el comienzo de la filosofía, no estuvo siempre comprometido en la necesidad de pasar por un texto, por un trabajo de la escritura? ¿Acaso la filosofía no se vio siempre obligada a utilizar figuras y modos de exposición que no le pertenecen propiamente? Para Emilio Bernini, la filosofía rousseauniana, inseparable del método que la define, da por sentada la respuesta a estos interrogantes.

El método Rousseau enfatiza, precisamente, la atención que el ginebrino le dedica a la forma. Pedagogo, filósofo, literato, músico, botánico y naturalista, Rousseau recurrió a diferentes géneros ―y los intervino― de acuerdo con la naturaleza de cada una de sus búsquedas. Con enorme versatilidad permitió que sus objetos de estudio demandaran las herramientas conceptuales y retóricas para abordarlos. Liberada de toda pretensión de unidad o consistencia, su obra se compone de una pluralidad de textos heterogéneos, reconciliados con la contradicción y las tensiones internas. De ahí que muchos especialistas, movidos por el afán de encontrar coherencia geométrica, cayeran en la tentación de homogeneizar nociones, menospreciando sus inflexiones distintivas. Bernini, en cambio, entiende la variación genérica y las incongruencias como manifestaciones de un posicionamiento político que reivindica un modo asistemático de proceder y de pensar. Doctrina y método adquieren, en consecuencia, un dinamismo antiesencialista y refractario a cualquier sentido último, donde lo literario y lo filosófico no son dominios enfrentados sino diferentes configuraciones que pueden articularse mediante “cadenas de desfase”. Para referirse a esta articulación que no elimina las discontinuidades ni asimila las diferencias, el autor toma de Althusser el término décalage, pero le confiere una potencia explicativa inédita.

Sutilezas y matices complejizan la imagen coagulada de Rousseau y descentralizan El contrato social para reflexionar sobre los efectos de las distintas figuraciones y retóricas, y en particular sobre la relación entre ciertas formas de arte y dominación política. Al poner en primer plano que la escritura jamás es un medio neutro, Bernini evidencia ―certeza extraña para la filosofía conservadora― que Rousseau es filósofo porque es, antes que nada, escritor. También invierte el orden lógico de las causas cuando postula que las ideas de Rousseau no preceden a los textos que las desarrollan, ya que ningún contenido preexiste a la reapropiación crítica de las tesis heredadas de la tradición o discutidas con la cultura clásica de la que fue parte. Esto no depende de limitaciones o falta de originalidad de Rousseau; más bien se trata de mostrar que el pensamiento se constituye a medida que la escritura incorpora y transforma ―reinventa― los materiales disponibles. Desde la perspectiva planteada, toda escritura es esencialmente reescritura, ya sea de las influencias recibidas o de los propios conceptos, nunca definitivos. Acontecimental y sensible a los roces y las fricciones conceptuales, tal concepción de la escritura le debe mucho a Derrida, con quien Bernini discute pero a quien sigue en muchas cuestiones. Así, lo que El método Rousseau sostiene sobre Rousseau puede decirse también de Bernini. Su ensayo se nutre de las interpretaciones previas, dándoles un uso tan desviado como productivo.

El análisis de los últimos escritos de Rousseau cierra el libro con un loop deslumbrante. Parte de la premisa, controvertida en su época, de que la primera persona que habla en los textos autobiográficos no es ni la instancia sintética de una relación invariante entre pensamiento y experiencia, ni su reflejo escrito. Por lo contrario, el carácter fragmentario, no conclusivo y digresivo del género deja al descubierto la constitución astillada y fortuita del sujeto. Y en lugar de hilvanar las hilachas las hace resplandecer multiplicadas. Pero la autorreferencialidad de estos escritos también remite a sus protocolos y procedimientos constructivos. Al identificarse con la rêverie o ensoñación, vía contrasistemática de conocimiento de sí que implica una crítica de la propia crítica, el método deviene antimétodo. Los textos autobiográficos, entonces, no sólo exponen la imposibilidad de toda coincidencia categórica del sujeto consigo mismo; revelan, además, que la escritura es, por excelencia, la práctica que para ejercitarse exige su constante deconstrucción.

 

Emilio Bernini, El método Rousseau. Un dinamismo de los conceptos, Las Cuarenta, 2021, , 352 págs.

 

27 Ene, 2022
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