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La nostalgia es un sello ardiente

Natalia Litvinova

LITERATURA ARGENTINA

Quien haya leído los libros anteriores de Natalia Litvinova podrá reconocer aquí sus temas: la infancia y el país de la infancia, el exilio, la poesía… El estilo: conciso, minucioso, cada poema como una pieza necesaria que se fragua en torno a una figura, una imagen o un detalle recordados. Pero lo que distingue a este nuevo libro es que arma una serie casi novelesca: la poeta encontró en internet a una amiga de la niñez, y todo lo vivido entonces vuelve, así como la enorme distancia de los años pasados y de la geografía, la vida que cada una llegó a tener. ¿Qué relaciones se establecen entonces con esa amiga que nunca más se volvió a ver, por décadas? Porque los recuerdos de algunas escenas, unas pocas palabras, muchos juegos prolongados y difusos, vienen con fluidez a transformarse en versos, sellan así la nostalgia en la cera de la escritura, como anuncia el título. Pero el presente es el tiempo más frágil que existe, si acaso existe. “¿Estás viva?, / pregunto para despertar / alguna imagen / que guardo de vos, / la flor más secreta / del jardín / que no cultivé”.

Sin embargo, todo el tiempo transcurrido, la sedimentación del olvido, quizás abonaron a espaldas de quien escribe un nuevo florecimiento de la curiosidad. Las imágenes que se guardaron todavía están ahí, aunque sea difícil distinguir sus partes auténticas del gran espacio vacío que las enmarca. Se parecen a fotos acumuladas al azar que de repente se encuentran, pero no está la voz de la retratada para explicar el hiato entre una y otra, el sitio y el momento vitales en que fueron tomadas. La poesía entonces, como un sello que se aplicaría sobre el antiguo lacre caliente, tiene que recuperar las respuestas que faltan, decirle y repetirle a la amiga: “¿estás viva?”, “¿qué fue de tu vida?”, “hablemos”. Porque ya ningún contacto entre dos mujeres adultas podrá indicar el retorno de aquellas dos niñas que jugaban en un país llamado Bielorrusia. Y aun así, los poemas convierten una nostalgia que persiste, que incluso se cultiva y se respeta, en una sensación de presencia. Ella parece estar, en pasado y en presente, y se va aproximando a lo real, que no puede decirse pero sí escribirse. En un acto fallido, equivocándose de piso en el ascensor, se ve a alguien mudándose de casa: es ella. En los destellos de alegría y en la atmósfera ardua de la infancia, se está con ella. El último poema la eleva a un rango demasiado complejo, y por eso el libro, su luminosa precisión, debe terminar: “Como a una deidad, / no te veo pero estás”. La amiga parece decirle Noli me tangere, no se puede jugar para siempre con la nostalgia, porque te quema.

Queda el libro más intenso que se pueda imaginar sobre la niñez, la migración y el lenguaje, con el sello de una escritura que siempre acierta.

 

Natalia Litvinova, La nostalgia es un sello ardiente, La Bella Varsovia, 2020, 68 págs.

14 Ene, 2021
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