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LITERATURA ARGENTINA

Hay ciertos libros o, mejor dicho, ciertos escritores que son efectivamente inmunes a cualquier intento de crítica. Con su amplia erudición, su manejo consumado de las corrientes literarias y su mirada irreverente pero a la vez obsesiva (o fanática) de la literatura, han sabido crear un género de libros en el que se puede hacer cualquier cosa y nosotros los vamos a elogiar igual. Enrique Vila-Matas, por ejemplo, puede pasar un libro entero reclamando su parecido dudoso con Ernest Hemingway mientras César Aira puede insertar monstruos estrafalarios en lugares insólitos y el pobre reseñista queda desprovisto de cualquier inspiración.

Uno empieza a sospechar que Los lugares puede ser un libro así cuando el protagonista, un tal Elvio Gandolfo, comienza a contarnos la trama entera de la película X-Men: Primera generación, y la sospecha está confirmada más adelante cuando anuncia que, para resolver un aprieto financiero, va a escribir un libro para ganar un premio modesto. Este libro estará organizado en tres partes: la primera escrita en primera persona, la segunda, en segunda y la tercera, sí, en tercera.

No parecerá una gran sorpresa, entonces, que Los lugares siga este esquema. La primera sección narra la travesía del personaje en colectivo y a pie de Palermo a Belgrano en busca de un libro que ha comprado en Mercado Libre. Después va al cine (le gustó la película) y vuelve a casa. En el camino presencia un par de eventos que quedan grabados en su memoria: un choque de autos y un abuelo japonés que pasa todo el viaje en colectivo retando a su nieta. La segunda sección cuenta del viaje del protagonista a la Feria del Libro de Fráncfort en 2010 como parte de la delegación argentina, país invitado de ese año. La tercera lo encuentra en Montevideo batallando contra el viento en compañía de una vieja amante.

La materia no podría ser más mundana (por ejemplo, en la segunda parte, no sólo explica en gran detalle cómo la delegación sube al avión en el viaje de ida, sino que hace lo mismo para el viaje de vuelta), pero es así para dar espacio máximo a las reflexiones, recuerdos y pensamientos del protagonista. Es en esos merodeos donde hay que juzgar el libro, y la verdad es que hay varias joyas escondidas que vale la pena buscar. También absorbente es el tono melancólico; el protagonista es un hombre perdido —literalmente— en la primera parte, solitario y un poco tímido; en su viaje a Fráncfort nunca sale de la burbuja hotel/Feria, mientras que, en la tercera parte, parece que sus aventuras románticas ya están en el pasado: las partes placenteras existen ya sólo como memorias, pero el dolor de las separaciones todavía tiene todo su poder.

Sin embargo, un aspecto que interfiere en lo que debería ser una lectura disfrutable es cierta torpeza política; unas actitudes que se están poniendo muy anticuadas muy rápidamente: generalizaciones sobre nacionalidades y razas, objetivación de las mujeres, etc. No hay nada pernicioso, pero sí momentos chocantes. Si este efecto no es intencional (y bien podría ser así), se podría haber evitado fácilmente con un poco de corrección.

 

Elvio E. Gandolfo, Los lugares, Blatt & Ríos, 2018, 168 págs.

21 Jun, 2018
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