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MÚSICA

La fotografía podría funcionar como metáfora. Es, de las artes, aquella donde el objeto está más presente. Hasta podría pensarse que no hay otra cosa que objeto. Se trata de la fotografía de un árbol, de una casa, de una escena, de una cara. Y, sin embargo, o, mejor, por eso mismo, no hay lenguaje donde la mirada, el recorte, sea más esencial. No es la cara ni la casa ni el árbol lo que se ve sino lo que la mirada del fotógrafo ha elegido mirar.

La posición de los standards, en el mundo del jazz, de esos temas clásicos del género que todos han tocado, es similar. Como lo entendió Keith Jarrett, un gran compositor que en un determinado momento de su carrera dejó de componer, no hay mejor manera de poner en escena la figura que contra un fondo común. El estilo de Jarrett emergerá con mucha más fuerza en tensión con un tema dado, “Darn that Dream” digamos, que en una composición propia. Y los homenajes, en ese sentido, son un capítulo particular. Al fin y al cabo siempre hablarán, por lo menos, tanto del homenajeante como del homenajeado. Por eso resulta tan interesante Lost & Found, el brillante último disco del guitarrista argentino radicado en España Guillermo Bazzola en homenaje al trompetista y compositor Kenny Wheeler donde, obviamente, no hay ningún tema de Wheeler.

Junto con un grupo ejemplar —Natalio Sued y Rodrigo Domínguez en saxos, Jerónimo Carmona en contrabajo y Hernán Mandelman en batería—, Bazzola elige, como modo de abordaje, entender a Wheeler un poco como el mundo del jazz argentino lo ha entendido a él. Como a un protagonista entre las sombras. Como alguien cuya presencia no es evidente pero sin el cual nada sería como ha sido. Bazzola fue quien descubrió y apadrinó a muchos de los que hoy son figuras centrales de la escena local y, lo que es tal vez más importante, quien compartió con ellos una enciclopedia que en los ochenta muy pocos conocían. Nombres como el de Wheeler, claro, o el guitarrista John Abercrombie o el pianista Richie Beirach —que integró un memorable cuarteto con Abercrombie— circularon, crearon usos de las armonías y criterios solistas novedosos gracias a Bazzola. Hasta su partida a España, fue uno de los grandes artífices —ocultos, o casi— de una parte esencial de lo que hoy puede identificarse como jazz argentino. Y es de esa misma manera como Wheeler aparece en Lost & Found. Como el maestro que nunca es citado de manera directa pero que, aun desde la ausencia, organiza el material, guía el gesto y atraviesa la concepción musical.

La decisión de que en un homenaje todos los temas sean propios ya posee, en sí misma, una fuerza declaratoria. Que esos nuevos temas, en recordatorio de alguien, o de su estilo, no caigan en la mímesis, en la parodia o la mera imitación es lo que completa la apuesta de manera virtuosa. Porque lo que hay de Wheeler en este disco es lo mejor que podría haber: su espíritu. Su valoración del contrapunto, la elegancia de las líneas, el gusto por la transparencia de las texturas. Y, sobre todo, el inmenso virtuosismo que implica renunciar al virtuosismo. La elección de no exhibirse, de retraer al máximo para que la explosión sea precisamente eso. Si algo está presente en la obra de Wheeler, por otra parte, es la interacción. Wheeler no suena igual con Anthony Braxton que con Alexander von Schlippenbach, ni con Michael Brecker como con Evan Parker. Cada uno de sus álbumes —y cito casi al azar algunos de los imprescindibles: Deer Wan; Gnu High; Double, Double You; Angel Song­— crea un universo particular. El estilo implosivo de Bazzola, siempre más apuntado a la reflexión que a la irradiación, transforma a los músicos que tocan con él. Su manera de incluir los acordes como parte de los solos melódicos, y de utilizarlos, además, por su potencial rítmico, habita los solos de Domínguez y Sued y la impecable base, tan potente como cristalina, que aportan Carmona y Mandelman. Aquí y allí se hace notar la sombra de Wheeler —las texturas abiertas, la imitación entre las voces, un cierto tono al borde tanto de la elegía como de la melancolía—. Pero no es más que la sombra que, por fortuna, habita en el estilo del propio Bazzola.

 

Guillermo Bazzola Quinteto, Lost & Found. Some Thoughts on Kenny Wheeler, Gnu Town, 2020.

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