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MÚSICA

El título del disco sugiere tanto el anhelo de posteridad al que seguramente aspira todo músico —algo así como una música sin edad— como la interpretación rítmicamente libre, por fuera —o por encima— de la barra de compás; una interpretación no necesariamente carente de pulso, pero remisa a quedar atada a la isocronía rítmica. Sabemos que la economía temporal del jazz es su activo más valioso desde sus orígenes hasta la actualidad. En una oportunidad, Herbert von Karajan, famoso por su metrónomo interno, les dijo exultante a los músicos de la Filarmónica de Viena: “Esta noche voy a escuchar a Louis Armstrong y sus All Stars. ¡Imagínense! Dos horas seguidas con una música que jamás se acelera o retarda por error”. Una definición perfecta, capaz de enhebrar los múltiples estilos del jazz sin menospreciar sus evidentes diferencias gestuales.

De carácter exploratorio, Sin tiempo no es exactamente el disco de un pianista conduciendo su trío. Como sucede con The Bad Plus, se trata aquí de una interacción de energías parejas, un ejercicio ejemplar de diálogo abierto. El brillante pianista Leo Genovese —de Venado Tuerto al mundo, con merecidos reconocimientos internacionales, tras su larga residencia en la banda de la contrabajista y compositora Esperanza Spalding— impregna todo de locura virtuosa, con fugaces referencias al primer Jarrett o al último Jason Moran, pero sin dejar de escuchar atentamente a sus certeros compañeros en el aquí y ahora de la improvisación. Por ejemplo, Sergio Verdinelli abre “Blues” con un break de batería que se puede entender casi como un manifiesto, mientras el contrabajista/bajista Mariano Otero sugiere un walking bass armónicamente libre que dará paso a las células bluseras de Genovese, luego orientadas hacia un lugar desconocido. En este caso, al trío le bastarán 4:24 para plantear un enfoque heterodoxo del blues.

Así será todo el material: nueve piezas relativamente breves (“Pato” es una especie de himno ralentizado de 2:23) que concluyen antes de emprender un desarrollo completo. El efecto bosquejado de esta música es encantador. Su modernismo se reserva cierta cortesía con el oyente, que seguramente no querrá abandonar estas inquisiciones sonoras hasta no saber cómo siguen, hacia dónde se dirigen. Sin embargo, la dirección definitiva no parece ser el propósito de un trío que elige la plasmación de un jazz insinuante y enigmático antes que la ejecución asertiva de principio a fin. El oyente se encontrará entonces con aires extra occidentales en “Groove”, un diseño angular en la secuencia de cuartas del poderoso “Ciclones”, música acuática en los arpegiados de “Klimt”, bloques de acordes a lo McCoy Tyner en “La memoria”, la sensualidad de corte baladístico en “El Mar” (otra miniatura de 2:40), el experimentalismo aleatorio de “Chewel” y el desafío del crescendo de “Eastwood”. Cada pieza es una idea diferente, pero articulada a un mismo criterio estético. En ese sentido, Sin tiempo se puede escuchar como una expresión de contracultura musical en un escenario global de fragmentaciones banales.

En cada ejecución se pone en juego la riqueza de toques, los matices dinámicos y una búsqueda tímbrica que, sin apelar a los recursos de técnica expandida, sabe sacar provecho de eso que está ahí, con larga tradición: un trío de piano, contrabajo/bajo y batería. Grabado y mezclado dos años atrás por Mariano Otero en Insigno Studio de Buenos Aires y recientemente editado por el sello del norteamericano aporteñado Matthew Golombisky, Sin tiempo nació de una charla entre Genovese y Otero en un departamento en Brooklyn. Hoy ambos coinciden en el recuerdo: en aquel encuentro, al probar una serie de temas más bien simples, imaginaron como baterista ideal a Sergio Verdinelli.

 

Leo Genovese, Mariano Otero y Sergio Verdinelli, Sin tiempo, ears&eyes Records, 2020.

18 Feb, 2021
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