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MÚSICA

La fiebre por el centenario de Astor Piazzolla provocó, entre otras cuestiones, resucitar viejas polémicas, actualizar malos entendidos y comprobar cómo en el establishment cultural y sus derivados institucionales sigue vigente la idea de “el Tango” —así, con mayúscula— como bloque indiviso y homogéneo. Una suerte de identidad patriótica del baile y la orquesta típica for export, algo que está lejos de la realidad histórica pero que no deja de apelar a un mito de origen y a la búsqueda de una esencia.

Piazzolla nunca quiso estar fuera del tango. Proclamador de un nuevo estilo compositivo, en tal caso lo modernizó y lo entendió como un espacio dinámico y enérgico. El tango, en tal caso, entendido en el tiempo como un campo de disputas estéticas —de igual modo que otros géneros populares como el jazz o el rock—: de músicas para bailar o para escuchar, de sentidos que diferían según tal o cual orquesta, tal o cual individualidad, tal o cual compositor. Por eso el legado de Piazzolla llega hasta hoy con variadas corrientes y escuelas que, lejos de agotarse, encuentran cruces generacionales y aires renovados.

Un género, en efecto, siempre propone un pacto de escucha. Y en el microuniverso que trasciende la marcación estricta del dos por cuatro, bajo un formato novedoso y poco común que se remonta a la huella indeleble del armonicista santiagueño Hugo Díaz, el tándem José Pepe Colángelo en piano y Franco Luciani en armónica —que se completan en formato de cuarteto con Leonardo Andersen en guitarra y Pablo Motta en contrabajo— grabaron el disco Tango improvisado, un título que hace honor a la forma con que se concibió: bajo una libertad de interacción instrumental camarística, íntima, de mestizaje entre la armonía tradicional y el sonido moderno del tango.

Elegante y suave para la escucha, distante de la altisonancia tímbrica del dos por cuatro, Tango improvisado apela a un brillo de texturas instrumentales que se yuxtaponen de forma creativa entre escalas, acordes y acompañamientos conocidos del género, como en “A media luz”, “María” o “Los mareados”. Luciani y Colángelo parecen renunciar a su virtuosismo para contribuir a un conjunto que enaltece la vertiente no cantada del tango, de Roberto Grela a Horacio Salgán, de Hugo Díaz a Diego Schissi. Sin ir más lejos, el propio Pepe Colángelo, ex pianista de Aníbal Troilo, fue director de los discos de Grela con Díaz, así como de los que este grabó entre 1972 y 1974 y que se conocieron como “Hugo Díaz en Buenos Aires”. Este disco rinde un solapado tributo y se reconoce en el árbol genealógico.

Son versiones breves, de no más de cuatro minutos: lo instrumental ajustado en tiempo y espacio. Un despojamiento que cautiva por los arreglos justos, como si nada sobrara. Como sucede por ejemplo en “Barrio de tango”, con Luciani llevando la melodía a cuestas y Colángelo como un custodio de la armonía, turnándose en los primeros y segundos planos con los otros músicos del cuarteto. Una versión que se resuelve con sutil equilibrio.

“Golondrinas” es otro cenit instrumental; en “Duelo criollo” Franco Luciani también canta y no desentona. Y allí está el dueto “Papá Baltasar/Oro y plata”, una impronta de milonga con aires de candombe que, sin perder la marca camarística, se suelta del libreto e invita al baile. Todo el disco se disfruta, apreciando sus tonos y climas de principio a fin, en tiempos en que la escucha llega digerida y fragmentada por las listas de Spotify.

Tal vez la ilusión de todo autor sea imprimirle una mirada personal a aquello que hace. Tango improvisado es un disco que lo logra: al escucharlo, las singularidades de Colángelo y Luciani aparecen reunidas en una celebración del género, yendo y viniendo de la tradición a lo contemporáneo. Y lo hacen con una técnica excelente y un sonido robusto y a la vez refinado. Porque el tango, en definitiva, posee un pluralismo incorregible, con una abundante variedad de cepas y de rumbos en su progreso como género. A su manera, con un exquisito estilo interpretativo, Luciani y Colángelo, dos generaciones, siguen ampliando el alcance y las posibilidades de esa música antigua y tradicional, nueva y dinámica.

 

José Colángelo y Franco Luciani, Tango improvisado, 2021.

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