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V13. Crónica judicial

Emmanuel Carrère

OTRAS LITERATURAS

A quienes profesamos un excesivo amor por “lo francés”, sin saber, a ciencia cierta, a qué motivaciones responde verdaderamente ese sentimiento (véase la escena inicial de Climax, la película de Gaspar Noé, y se entenderá el núcleo problemático de la “francofilia”), la crónica judicial V13, sobre el triple atentado en Bataclan, el Stade de France y una serie de bares parisinos que dejó el saldo de ciento treinta muertos, no puede menos que generarnos un previo y desaforado deseo de leer. Y si la crónica la escribe Emmanuel Carrère, la combinación resulta letal: terrible y magnífica, atroz y perfecta.

El libro se divide en tres partes. “Las víctimas” repasa los testimonios más dolorosos de las audiencias, y cada tres o cuatro páginas un llanto desconsolado interrumpe la lectura (la francofilia ahonda el desconsuelo). Pero no sólo dolor brota de estas páginas conmovedoras, sino la otra cara de las víctimas, la contracara, de las que no fueron y pretendieron ser, las víctimas imaginarias, anhelantes, o, como dice la madre de un niño asesinado: “Se diría que la gente envidia la desgracia que nos sucede”. La segunda parte, “Los acusados”, es la más extensa del libro. Allí Carrère trata de reconstruir la genealogía del Estado Islámico y examinar las causas profundas que incitaron a jóvenes belgas, franceses o sirios de clases medias a radicalizarse a punto tal de estar dispuestos a matar y morir en nombre de Alá. Cabe recordar que los autores materiales del atentado del viernes 13 de noviembre de 2015 se suicidaron con explosivos, salvo Salah Abdeslam, quien no detonó su cinturón (¿por cobardía, humanidad, inoperancia?) y compareció en el estrado junto a colaboradores y cómplices con distintos grados de responsabilidad. En la tercera parte, “El tribunal”, Carrère hace una radiografía de los fiscales, los abogados defensores y de las partes civiles. Se acerca a los protagonistas estrella de las distintas instancias, indaga sobre sus trayectorias, la formación académica y las inverosímiles diferencias salariales. También suma testimonios de última hora, como el de un joven que debió empujar, aplastar, pisotear a otros para sobrevivir, una actitud reñida con las misteriosas conductas bondadosas de un número inusitado de víctimas y sobrevivientes, aunque acto seguido Carrère compone, gracias a otro testimonio, la escena más emotiva del juicio: “A mí me pisoteó alguien y me rompió dos costillas. Solamente dos costillas rotas. Así que si fuiste tú el que me pisoteaste, quizás fue otro, no lo sabremos nunca, pero, si fuiste tú, quiero que sepas que no es nada grave, dos costillas rotas. Me salvé, estoy vivo, soy feliz”.

Diseccionando los procedimientos de los tres miembros de la fiscalía, el autor de El adversario (2000) y De vidas ajenas (2009) revela la estructura de su propio libro: “De un capítulo a otro han apretado los hilos que se habían aflojado, deshilachado”. Como no somos capaces de contar todo, narrar todo, hablar de todo, la única salida es seleccionar y montar las partes, en procura de generar la ilusión de totalidad. El estilo de Carrère nos hace revivir el juicio, pero como si hechos y narración fueran y no fueran la misma cosa; ni clara ni oscura (diría brillante), la prosa jamás se vuelve unívoca, si bien nadie duda de la culpabilidad de los criminales. Ese temple oscilante obliga al cronista a confesarse tras escuchar los alegatos finales: “Mí íntima convicción es fluctuante, indecisa”.

¿Es aceptable la indecisión en un caso semejante? La de Carrère es una indecisión decidida (alejada de la impostación); sitúa y condena el mal, y sin embargo no se olvida de los matices. Reconoce que la justicia es justicia de clase y que en Occidente ignoramos olímpicamente a las víctimas cuando son niños sirios o niñas iraquíes, pero es lógico, con determinadas poblaciones la identificación humanitaria falla.

V13 reúne, corregidos y ampliados, los textos semanales que Carrère entregaba puntualmente a L’Obs, de septiembre de 2021 hasta julio de 2022. Me hubiera gustado leerlos en tiempo real, los lunes, mientras iban saliendo, pero más me gusta leer la unidad sintética de este libro ejemplar. Las doscientas sesenta y tres páginas de la edición de Anagrama podrían resumirse con una línea de Spinoza, citada por Carrère: “No juzgar, no deplorar, ni indignarse, únicamente comprender”. Comprender para que víctimas y verdugos, y en especial sobrevivientes, donde sea, puedan descansar en paz. Y para eso, como reclamó el principal acusado, hay que leer el libro entero.

 

Emmanuel Carrère, V13. Crónica judicial, posfacio de Grégoire Leménager, traducción de Jaime Zulaika, Anagrama, 2023, 272 págs.

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