Poemas

Gary Snyder

OTRAS LITERATURAS

Corre el 7 de octubre de 1955 y en la Six Gallery de San Francisco se anuncia lo que luego se conocerá como el Renacimiento de Frisco y, a su vez, mito de origen de la generación Beat. Kenneth Rexroth, oficiando de monje del evento, presenta, entre otros, a Gary Snyder, quien se posiciona en el podio enclenque que fuera tan sólo un escritorio y, apoyándose en él, lee su poema “A Berry Feast”, cuya última estrofa comienza diciendo: “Hace una parada en la noche / come panqueques en una habitación luminosa / bebe café, lee el periódico / en una ciudad extraña, conduce / canta mientras un borracho hace girar el automóvil”. Este muchacho de rostro iridiscente, diurno más que nocturno, publicaría su primer libro cuatro años después. En Riprap relataría sus experiencias como vigía de bosques y senderista en Yosemite, en las afueras de San Francisco.

El panorama silvestre que se avizora en esos primeros poemas, Jack Kerouac logra inmortalizarlo en su novela Los vagabundos del Dharma y de un solo trazo, en el personaje Japhy Ryder, trasunto de Snyder: “Y vi a Japhy que caminaba con ese curioso paso largo de montañero, y llevaba una pequeña mochila a la espalda llena de libros y cepillos de dientes y a saber qué más porque era su mochila pequeña para ‘bajar-a-la-ciudad’ independiente de su gran mochila con el saco de dormir, poncho y cacerolas”. Si bien delgado, tenía un cuerpo vigoroso que Kerouac se apresura a piropear; y también le gustaba su trato callejero, que le parecía bastante natural. Conversaba con los homeless como si los conociera de siempre, y si alguien quería ponerlo en aprietos con preguntas capciosas, siempre arremetía con frases ingeniosas y chispeantes. “¿Qué son todos esos libros de ahí? ¡Hombre, Pound! ¿Te gusta Pound?”, le pregunta un personaje de la novela a Snyder. “Si no fuera porque confundió el nombre de Li Po y le llamó por su nombre japonés y armó todo aquel lío, está muy bien… de hecho, es mi poeta favorito”, le contesta Gary. ¿Pound? ¿Quién puede tener como poeta favorito a ese loco pretencioso?”, se burla de vuelta.Bebe un poco más de vino, Smith, estás diciendo tonterías”, finaliza el poeta.

Para introducirse en la obra de Snyder, quizá sea necesario entrar por la vía más prosaica, la menos lírica: su propia vida, pues su escritura está empapada de lo vital, de lo vivo, del palpitar incesante de la naturaleza análogamente al corazón. Salir y volver a la cabaña, buscar víveres, cortar leña, bañar a sus hijos, cocinar, cosechar. Lo doméstico se sitúa en la obra misma, y esta pareciera por momentos ser una prolongación de un proyecto mucho más amplio. Su domesticidad no es quieta, sino que avanza, es móvil. En su poesía se camina, se acampa, se suben montañas, se baña uno en el río. La ecología como proyecto político y su poesía regada de natura y florecimiento se hermanan en el cimiento mismo de su escritura.

Sin ir más lejos y por el mismo motivo, el grueso de las traducciones de su obra al castellano, al menos de fácil adquisición, son de orden ensayístico; las prosas de La práctica de lo salvaje o su diario de viaje por la India, ambos editados por Varasek, una editorial española. Por eso es tan importante y necesaria esta nueva selección y traducción de los poemas de Gary que la editorial Deriva de Chile se dedicó, junto a su autor, a preparar; de la mano de traducciones del poeta Germán Carrasco y la poeta Claudia Pizarro, se suma una amplia selección de traducciones que el español Nacho Fernández Rocafort cedió para la presente edición.

 

Gary Snyder, Poemas, traducción de Germán Carrasco, Nacho Fernández Rocafort y Claudia Pizarro, Deriva, 2022, 116 págs.  

21 Jul, 2022
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