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Del cielo a casa

ARTE

Asistimos a un momento en el que las cosas parecen apoderarse de los museos de arte. No es porque los museos no hayan coleccionado y exhibido objetos antes. Si nos remontamos a los primeros museos etnográficos y de historia natural, promotores del pensamiento primitivista del siglo XIX, encontraremos a varios de los pioneros en la construcción de la cultura material. Hoy, cuando nos atraviesa la aparente inmaterialidad del ciberespacio y la virtualidad del siglo XXI, las cosas vuelven a interpelarnos: nos hablan, nos provocan. Esta tendencia puede seguirse en el mercado del arte y su creciente interés por los objetos (“de uso cotidiano”, “decorativos”, “de diseño”), a partir de la emergencia en los dos mil de nuevas ferias y galerías especializadas en ellos. A su vez, las materialidades cobraron una nueva centralidad en los debates académicos, que cada vez más se interrogan sobre las formas de producción del arte y cómo estas se imbrican con las de la industria y la artesanía. La creación de archivos de objetos, como el de Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino), que abrió sus puertas al público en 2019 con una propuesta tan audaz como necesaria —poner en valor y difundir la producción de diseño en nuestro país—, también forma parte del contexto de posibilidad más amplio que contribuyó al desembarco de “las cosas” en el Malba. La exposición Del cielo a casa. Conexiones e intermitencias en la cultura material argentina pone a dialogar más de 600 piezas entre las que se cuentan objetos, obras de arte y documentos que jalonaron nuestra vida cotidiana durante el transcurso del siglo XX.

El éxito de la muestra tal vez se deba a que estas cosas forman parte de una memoria afectiva construida desde las prácticas del consumo y el habitar, que modelaron a las clases medias al mismo tiempo que encarnaron promesas de movilidad y ascenso social. Radios, televisores, juegos infantiles, escritorios y útiles escolares, golosinas, piezas de vajilla, discos, vehículos, vidrieras, señalética callejera, símbolos y marcas icónicas (el muñeco del Automóvil Club Argentino, la caja de Havanna) se mezclan con otros objetos de diseño más exclusivo (como el equipamiento para el hotel Llao Llao) o destinados a usos específicos (como los trajes para la Antártida), más lejanos del día a día de las mayorías. Junto a los objetos industriales se presentan cuadros, fragmentos de films, fotografías, libros, folletos, afiches. Los materiales de archivo y las obras de colección se enlazan con la producción de artistas y diseñadores contemporáneos.

Como en un bazar, todos estos elementos se exhiben llenando la sala y saturando los sentidos del espectador. Las piezas se ordenan en núcleos temáticos (“argentum”, “centro”, “campo”, “hogar”, “recreo”, “cicatrices”, “cuerpo”, “avanzada”, entre otros), opuestos deliberadamente a la construcción de un relato articulado y unívoco. En esas constelaciones se expresa la voz coral de un equipo curatorial heterogéneo e interdisciplinario. Allí, como arrojadas para que uno se pierda entre ellas, las cosas aumentan su poder de afectación. Se puede oír en los comentarios del público. Los visitantes se asombran ante la dislocación de los objetos cotidianos que nunca habían imaginado como piezas de museo. Esa reubicación produce identificación y empatía. El enfoque “etnográfico” que asume la exposición busca desviar la atención de los creadores, para privilegiar la idea de una construcción colectiva y común. Sin embargo, las autorías no logran del todo pasar desapercibidas, por la relevancia de aquellos personajes que se propusieron conectar el arte con la vida. Maldonado, Fogwill, Tapia, Prati, Giménez, Gálvez, Williams, Blanco, Curutchet, Jannello, Clusellas, Levisman, Aczel son sólo algunos de esos nombres propios que consiguen esquivar el anonimato.

Aunque la muestra evita trazar una historiografía del diseño, en su armado es posible identificar diferentes tiempos de auge y declive para la producción nacional. Las preguntas sobre las posibilidades de desarrollo para la industria en un país atravesado por crisis económicas cíclicas se vuelven por momentos ineludibles. El “Misterio de Economía” de Federico Peralta Ramos resuena en los monólogos de Tato Bores y se grafica en una pizarra donde se enumeran más de veinte tipos de cotizaciones del dólar, vinculando así las vicisitudes monetarias del presente con debates de larga data sobre los problemas estructurales para el desarrollo económico.

Frente a la ausencia deliberada de un gran relato que articule las piezas a partir de un esquema clasificatorio preexistente, el armado de esta colección logra formular un nuevo conjunto de relaciones imposible de prever antes de ser reunida. La exposición permite así crear sentidos sobre las cosas desde el contacto con ellas, poniendo en valor su potencia visual y estética a través de la vivencia y el recuerdo. Redescubrir las cosas resulta, de este modo, una estrategia para repensar una identidad por momentos fragmentada y contradictoria, pero al mismo tiempo conectada por una memoria afectiva compartida.

 

Del cielo a casa. Conexiones e intermitencias en la cultura material argentina, curaduría de Adamo Faiden, Leandro Chiappa, Gustavo Eandi, Carolina Muzi, Verónica Rossi, Juan Ruades, Martín Wolfson y Paula Zuccotti, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, 23 de marzo – 30 de julio de 2023.

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