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Idea fija

Daniel Leber

ARTE

Una idea fija puede destruir la vida o hacerla florecer, depende de circunstancias, en la mayoría de los casos, independientes de la voluntad. No somos dueños de encauzar las obsesiones, fuerzas indómitas que utilizan nuestro cuerpo como vía regia de expresión: se llama síntoma, y nadie conoce a ciencia cierta su etiología.

Existen notables ejemplos históricos de personas capturadas por sus ideas, con frecuencia artistas o científicos, también llamados genios (o locos), que por todos los medios a su alcance pretendieron plasmar en la realidad la idea que los acechaba. A veces sale bien, a veces sale mal. Le salió mal (aunque la valoración dependa del criterio) al sastre franco-austríaco Frantz Reichelt quien, emulando a Leonardo da Vinci, creó algo parecido a un paracaídas.

Como las ideas fijas no saben abandonarnos, al sastre se le ocurrió probar la eficacia del invento en carne propia. Solicitó durante meses permiso a la policía de París para arrojarse desde el primer piso de la Torre Eiffel, y un día, fatalmente, se lo otorgaron. Podrán imaginar el hueco que dejó el cuerpo de Reichelt en el césped después de caer desde cincuenta y siete metros de altura sin que el paracaídas siquiera amagara con abrirse. Lo rescatable del episodio, digamos, es la existencia de un video en YouTube que registra los últimos segundos del sastre antes de saltar al vacío. Era la mañana del 4 de febrero de 1912.

Por fortuna, la idea fija de Daniel Leber ha tomado el camino del arte. Será ese el motivo por el cual sus pinturas brillan con un esplendor que proviene de adentro, de un núcleo incandescente capaz de iluminar la tierra entera. Como dice Claudia del Río en el texto de sala: “Son pinturas encendidas todo el tiempo, sin baterías ni pilas ni corriente eléctrica ni neones ni transformadores”; son pinturas encendidas por la obsesión y el deseo.

En el caso de Leber, la línea dirige la acción. No imagino a un artista guiando el proceso pictórico, es al revés, la línea manda, como mandan las obsesiones, pero de modo paradójico. La diferencia entre una vida floreciente y otra infernal reside en cómo nos las ingeniamos (y esto nada tiene que ver con la genialidad) para engañarlas y hacerlas trabajar a nuestro favor, sin que las obsesiones se enteren de la artimaña. Si lo advirtieran, seguramente nos obligarían a tomar rumbos tristes y sombríos.

Yo no sé cuál es la idea fija de Leber, pero sospecho cierta relación con el origen. No sólo el origen como principio, como una instancia pasada, sino el origen en su condición de proyecto, lanzado hacia el futuro. Entonces sí pueden leerse en sus pinturas imágenes de los primeros microorganismos terrestres que luego dieron lugar a seres más complejos. Quizás allí, en ese contacto inaugural entre el agua, el sol y el oxígeno, en esos primeros rastros de ácido ribonucleico, quedó sellado nuestro destino: células, bacterias, desde el nacimiento de la vida en la sopa caótica hasta el próximo apocalipsis, en un tiempo circular, que nunca termina de irse ni de llegar.

Entre pasado y futuro, la obra de Leber presenta rastros de una psicodelia arcaica, estados lisérgicos de apertura a nuevos universos perceptivos. Pienso en dos nombres propios: Leber oscila conceptualmente entre la teoría de la evolución de Darwin y el segundo mejor disco de los Beatles, Sgt. Pepper’s

Les soy sincero, no termino de entender el sentido de las pinturas. Y quizás esa incomprensión motoriza mis ganas de escribir, sabiendo que ninguna frase respecto de su arte sería exacta (por ejemplo: la afinidad con Kandinsky), ninguna daría en el blanco, aunque tampoco serían erróneas: es pura perplejidad frente al paisaje alucinado, y al mismo tiempo, alucinante.

Mi hipótesis sobre Leber cobra visos lacanianos; tal vez sea un error grave, lo lamento: en estas pinturas es como si la obsesión se histerizara: de la actividad mental monomaníaca al trabajo con el cuerpo. De ahí su homérico triunfo, como el triunfo de los primeros homínidos que llevaron el fuego al interior de las cuevas, no sólo para calentarse y vivir mejor, sino para enseñarles a sus invitados las inexplicables hazañas de la luz.

 

Daniel Leber, Idea fija, Calvaresi, Buenos Aires, 14 de septiembre – 10 de noviembre de 2022.

 

17 Nov, 2022
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