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Challengers

Luca Guadagnino

CINE y TV

Como en otros films recientes de Luca Guadagnino (Italia, 1971), hay aquí una investigación minuciosa. En Call Me by Your Name (2017) observaba el arte; en Suspiria (2018), la danza; en Salvatore Ferragamo (2023), el diseño de zapatos. En Challengers, junto con Justin Kuritzkes ―guionista de la aclamada Past Lives (Celine Song, 2023)―, se vale de una geometría de triángulos superpuestos para hacer una indagación frenética sobre el tenis, que se abre a otros espacios.

Esta “comedia dramática deportiva romántica” ―que por momentos recuerda a Match Point (2005) de Woody Allen― narra la historia de un triángulo amoroso entre tenistas, en el transcurso de trece años, de 2006 a 2019: Tashi (Zendaya), Patrick (Josh O’Connor) y Art (Mike Faist). Patrick y Art, compañeros de una academia de tenis desde los doce y mejores amigos, conocen a Tashi en un torneo y quedan deslumbrados por ella y por su juego. En ese primer encuentro ya se sientan las bases competitivas de la relación, el ritmo acelerado del film y el juego de seducción que se tramará entre ellos: Patrick y Art jugarán un partido enfrentados al día siguiente y Tashi les dice que saldrá con quien gane. El ganador es Patrick e inician una relación de pocos meses con Tashi, quien, al igual que Art, ha sido llamada por Stanford para estudiar y competir profesionalmente. Allí, Tashi se lesiona y se convierte en entrenadora: es así como inicia una relación con Art, que los llevará a una especie de matrimonio “deportivo” y “empresarial”. Por detrás, corre la relación más profunda del triángulo, la de Art y Patrick, que se distancian y nunca materializan el deseo que claramente hay entre ellos, sino que más bien lo canalizan a través de la figura de Tashi.

También en el nivel estructural Challengers es triangular. El film se organiza en torno a tres torneos de tenis, en tres momentos claves que enfrentan a los tres personajes, pero especialmente a Patrick y Art, que compiten en una especie de eterno retorno de rivalidad imparable entre ellos: entre lo que representan ―el tenis profesional de Art y el amateur de Patrick―, lo que desean ―el deseo mutuo reprimido y el deseo de ambos por Tashi― y lo que quieren alcanzar ―tanto el éxito deportivo y profesional como el de la “masculinidad”―. Los tres torneos que estructuran el relato son el US Open en 2006, uno en Atlanta en 2011, y el Challenger, en New Rochelle, en 2019, que abre la película, le da título y funciona como una especie de base operativa desde donde se monta todo el relato.

A partir de esta estructura triangular, el montaje de Challengers funciona como una metáfora del tenis. Guadagnino nos lleva, a través de flashbacks y flashforwards, uno atrás de otro, en un ritmo vertiginoso que nos hace rebotar entre 2006, 2011 y 2019 sin descanso, entre partidos que enfrentan a Art y Patrick, sudorosos y deseantes, con la tensión de la glamorosa Tashi, siempre entre ellos. El montaje es un partido desenfrenado, que nos deja sin aire, y esa metáfora del tenis operando como técnica cinematográfica es un gran logro del film. Se suman primerísimos primeros planos de los rostros de Art y Patrick enfrentados en el juego, bañados en gotas de sudor y tensión, imágenes súper pop, de colores estridentes y radiantes de las canchas de tenis teñidas por el sol, y la banda de sonido, deslumbrante y rave, hiperagitada, mezcla de ansiedad, clima deportivo y fiesta, de Trent Reznor y Atticus Ross (integrantes de la banda de rock industrial Nine Inch Nails).

Hay otro triángulo que atraviesa el film de un extremo a otro: Guadagnino indaga obsesivamente la tríada tenis/deseo/cine, con apuntes sutiles en algunas escenas. Cuando Tashi conoce a los amigos, Patrick le pregunta sobre su asombrosa forma de jugar y ella despliega su filosofía. Le dice que él no sabe lo que es el tenis, y que no es un tenista de verdad, porque él cree que el tenis es sólo expresarse en libertad. “El tenis”, afirma ella, “es como una relación, es entrega mutua”: entenderse por completo con el rival y conectar con el espectador. Guadagnino extiende la metáfora para que el tenis, el deseo y el cine se triangulen, se sustituyan y se mezclen.

 

Challengers (Estados Unidos, 2024), guión de Justin Kuritzkes, dirección de Luca Guadagnino, 131 minutos.

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