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Una arqueología de lo político

Elías J. Palti

TEORÍA Y ENSAYO

La querella de la secularización, que discute desde el último siglo la deuda de nuestros conceptos políticos con sus orígenes teológicos, está cerrada. Esta es la concepción del ambicioso y provechoso libro de Elías J. Palti, Una arqueología de lo político. Este amplio recorrido de la historia occidental moderna va en busca de una genealogía que dé a lo político una dimensión específicamente histórica, que abarque de su comienzo a su fin. En diálogo con muchos autores clásicos del siglo XX, Palti mantiene dos estrechas concordancias con el pensamiento francés. En primer lugar, con el Michel Foucault de la arqueología del saber. Tras la Era de la Representación y la Era de la Historia, Palti añade una última fase, la Era de las Formas. Para esto recurre a otro autor que, al pensar lo contemporáneo, ha dado por bien cerrado el asunto teológico: Alain Badiou. Otros completarán este firmamento de interlocutores que, en su riqueza, obliga a ciertas torsiones teóricas.

Lo político comienza a desprenderse de lo teológico en el siglo XVII, precisamente cuando el barroco piensa —en cuadros, en obras dramáticas, mediante alegorías— la separación de esferas, el orden mundano y el orden divino. Palti encuentra para este esquema barroco dos formas de articulación: la del pliegue, que Deleuze había desarrollado en su libro sobre Leibniz, y la de la paradoja, principalmente entre inmanencia y trascendencia, entre la política como trabajo de la vida social y lo político como esfera externa, trascendente, de legitimación. Así, la incómoda dimensión teológica queda secularizada en esa época en un problema, casi, de teoría de conjuntos (aquí también sobrevuela Badiou). Esta búsqueda se presenta en un largo derrotero de análisis de obras teatrales barrocas donde el soberano está siempre a punto de ser solo un hombre, incapaz de decidir —como hubiera debido— sobre el estado de excepción para fundar la soberanía.

La Era de la Historia, a la par de las independencias latinoamericanas, es aquella en que la mundanidad se elevará a los grandes conceptos de los siglos XVIII y XIX: la Nación, la Historia, la Razón, la Revolución. El hilo conductor principal es, en este caso, Joaquín de Finestrad, integrante de una comitiva real española que reflexiona ante las revueltas americanas. La Era de las Formas, por último, se concibe a partir de las discusiones jurídicas sobre el arte de vanguardia y posmoderno —en la música y en la pintura americana y europea—. Esta diversidad de materiales y su clara vocación teórica —arqueológica en el sentido de una filosofía de la historia— obliga al libro a establecer incesantes categorías y distinciones. Algunas de ellas no resultan tan nítidas, como el modelo del pliegue, utilizado para un movimiento no del continuum sino de la separación; o la indistinción, a pesar de la claras referencias a Walter Benjamin, entre tragedia y drama; o las diversas exposiciones de los lazos entre arte, política y saber, que por momentos se tornan meros reflejos. Un pensador materialista echaría de menos la dialéctica.

Haya o no un darwinismo de las teorías, este libro comporta una fuerte; está atravesado de hipótesis contundentes, vastas interpretaciones y agudas indicaciones. Pocos saldrán de aquí con las manos vacías.

 

Elías J. Palti, Una arqueología de lo político. Regímenes de poder desde el siglo XVII, Fondo de Cultura Económica, 2018, 309 págs.

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