El mamut

Eric Schierloh

LITERATURA ARGENTINA

Los poetas, es sabido, suelen ser lectores ávidos de todo tipo de textos. Esas lecturas se filtran, de una u otra manera, en sus propios textos. Pero no todos hacen de esas lecturas una poética, o la materia misma de su voz, o de sus voces. Ese es precisamente el caso de El mamut: se podría decir que es un libro hecho de lecturas intensas a lo largo de muchos años. Se trata de una reedición que da cuenta de una trayectoria de lectura, la que ha dado lugar a unas voces, una polifonía que hace comparecer a la poesía misma en sus modulaciones: del haiku al objetivismo (“Camión de recolección de basura. / La casa entera sacudiéndose / a las 6 de la mañana”), pasando por la poesía en lengua inglesa del siglo XIX, entre otras, Schierloh reescribe poéticas ajenas y las actualiza con su propio sello. De paso, deja claro que una reescritura, como una traducción, son una forma, y de las mejores, de buena crítica literaria.

Si el mamut es ese animal prehistórico, un poco fabuloso, antepasado peludo del elefante, que pobló nuestra imaginación temprana, hay en este libro una lectura de la poesía como prehistoria de la escritura, que marca, en sus tiempos y formas, una vida, y esa vida —observación del entorno, atención a animales y plantas, inclinación por la reflexión, exploración del lenguaje, o conjunción con la experiencia de la paternidad— se dice en poemas. El resultado es sorprendente en varios planos. No sólo destaca la maestría con que Schierloh compone poemas en sus variados registros, hace un haiku urbano, o narra una pequeña historia, imagina paisajes, o piensa acerca de la muerte, en versos, sino que el detalle autobiográfico está tan íntimamente ligado con la lectura y reescritura que se vuelven indiscernibles. Como si dijera: el que vive es un poeta que lee. Así, un poema que habla de una hija lleva el nombre de la hija de Eric, pero parece escrito por Carver. Esa banda de moebius que se forma entre vida, lectura y escritura, tiene otro punto fundamental: la traducción y la edición.

Si traducir poesía es el trabajo de mayor intimidad que se puede tener con el lenguaje, y con la poesía, esa tarea destila su propio espesor en los poemas, que logran hacer propios y contemporáneos unos lenguajes y unos estilos que se conocen y manejan al detalle. Hay tal maestría en la disposición de los elementos de la poesía que esta se juega a veces en su mínimo, con equivalentes gráficos de estrofas, versos o sintagmas, que presuponen partes ausentes que se subrayan, al trasluz, por ese mismo juego, en ese ir y venir entre textos. El resultado final es de una gran potencia, y rescata aun otro valor: la belleza, como captación instantánea, por el trabajo en el lenguaje, de un instante frágil e intenso. Imagen o pensamiento, tono o modulación, detención o transcurrir, eso es lo que el poema hace, sin solemnidad ni grandilocuencia, como si todo el sentido de escribir y todo el método radicara en “Abrir los misterios más hoscos y antiguos como /se abre la heladera un domingo por la tarde. Entrar / en ellos como se entra en la cama propia. / Y salir como se sale de la ducha”. De hecho, no se es el mismo en ese trayecto, en tanto el poema destila e instila en sus lectores un modo de ver, leer y hacer con las palabras, y, sobre todo, la certeza de que no hay dos formas distintas de decir la misma cosa, sino formas diversas para decir la diversidad del mundo. De ello dan fe sobre todo los curiosos poemas con reescritura a pie de página de la sección “El festín del gusano”.

Entonces, entre la búsqueda casi desesperada (“un viejo que escribe un poema / lo que hace—lo que está haciendo / en realidad no es más que correr / como un pobre ciego desesperado / tras el rastro casi invisible / de un anciano caracol / que ha surcado / el universo / de punta a punta”) y la sospecha de una inanidad irremisible, en la que el poema sería “como una mota de polvo / sobre la superficie triste de la tierra”, la poesía, la traducción, la lectura, insisten. Y en esa misma insistencia se muestra y oculta la belleza, del lenguaje, del mundo, y de la poesía.

 

Eric Schierloh, El mamut, Caleta Olivia, 2022, 192 págs.

6 Jul, 2023
  • 0

    Cómo se inventa una orfandad

    Ariel Williams

    Leandro Llull
    18 Jul

    Con prólogo, selección y entrevista de Marcelo D. Díaz, Cómo se inventa una orfandad nos brinda un espectro sustancial de la obra de Ariel Williams. Gracias a...

  • 0

    La aparición de Ettie Yapp

    Carlos Schilling

    Carlos Surghi
    11 Jul

    El destino de un narrador supone una aventura que transcurre sólo en la imaginación. Tal vez por eso pueda describir cuanto lo rodea, tomar de lo anecdótico...

  • 0

    Húngaros

    Flavio Lo Presti

    Carlos Surghi
    27 Jun

    Con cierto entusiasmo afirmaría que la novela no es más que una forma del futuro, ya que en el presente resulta imposible. Por supuesto que ese futuro...

  • Send this to friend