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Animal de invierno & otros 65 poemas sobre la naturaleza y sus criaturas

José Watanabe

LITERATURA IBEROAMERICANA

El riguroso criterio de esta antología pareciera proponerse visibilizar por concentración la poética de José Watanabe. No es casual que, en los sesenta y seis poemas recopilados de casi todos los libros del autor (Álbum de familia, El huso de la palabra, Historia natural, Cosas del cuerpo, La piedra alada y Banderas detrás de la niebla) más un texto inédito (El camello), el lector pueda encontrar, de principio a fin y verso a verso, algo que podríamos llamar la-experiencia-watanabe.

Sin sucumbir a la tentación de seguridad que brinda el procedimiento ni dejarse mancillar por él, en la obra de Watanabe el poema se encuentra a sí mismo a partir del hallazgo de una escena o por la demora en un hecho; de los que, luego de que la voz los atraviesa, surge la vivencia del yo para articularse en el verso y arrojar ante sí la experiencia (en muchos casos, devenida aprendizaje) con la que el poema alcanza su suspensión final.

Veamos un ejemplo, leyendo Trocha en los cañaverales: “Caminas la trocha de los cañaverales, / reverbera unánime el color verde. / El mundo es solar y verde. / La vaca que pasa trotando con su cencerro / y el muchacho que la sigue con su pértiga / pierden su color y se pliegan al verde. / Pero hay una piedra gris que se resiste, que rechaza / el verde universal. / En esa piedra los braceros afilan sus machetes / a las cinco de la tarde, exhaustos, hambrientos / y con el rostro tiznado por la ceniza de la caña. / Dale entonces la razón al juicioso chotacabras / que emerge volando de los cañaverales / y te amonesta: / ‘Aquí no, tu dulce égloga aquí no’”.

Podríamos seguir citando fragmentos o textos enteros del libro y el sabor, si bien exquisito y orgánicamente matizado, permanecería indefinidamente en nuestras bocas, aunque sin saciarnos. Es que la poesía de Watanabe responde a lo vital, a la existencia del ser humano en tanto criatura fundida en el misterio de la lengua sobre la tierra, y, por tanto, la voz, en su lazo con el tiempo, reiterará —y se reiterará— pero nunca del mismo modo, nunca acabando su tarea, ya que el aprendizaje es infinito y su paso por el mundo, apenas más que fugaz.

Así, esa voz que en los poemas se distingue rápidamente, entrega el español a una música aérea que busca la transparencia del ideograma. El verso abandona la pompa y la gravedad sonora, no hacia la certidumbre borgeana, sino hacia el vidrio del aire. Su línea se afina casi hasta desaparecer como un horizonte, hasta dar la impresión de no estar escrita sino hablada o cantada en el vacío. Y la levedad de las palabras, la imantación distante que las hace flotar, se asemeja a la captura que practica el ojo sobre una bandada de pájaros en el momento en que no puede discernirse su dispersión de su aglutinamiento. El poema se alza en una lámina de papel de arroz.

Por otra parte, esta manera de encontrar la forma en los eventos de la naturaleza o las acciones de las criaturas no consiste en una simple metaforización que expulsa lo observado quitándole presencia. Todo lo contrario. Como queda a la vista en “La boa”, la imagen se contempla en sus dos caras, en su existencia y su representación: “La boa es / el deseo del abandonado: reptar / como un solo y larguísimo músculo / para envolver completamente el cuerpo amado”. Por más que la figuración se postule a modo alegórico, el movimiento de la boa pervive en el lector irradiando el roce y el fulgor de sus escamas.

Este nuevo título de Watanabe tiene entidad propia y da la posibilidad de volver a entender la antología como un arte doble: el del acto de la selección en sí y el de la exhibición de una poética. Y como todo esfuerzo por antologar, por vía etimológica, remite a una cuidadosa reunión de flores, los versos finales del poema homónimo bien pueden plasmar esa doble faz con mayor precisión que cualquier prosa descriptiva: “De esas flores aprenderé, una vez más, / que la poesía que tanto amo sólo puede ser / una fugaz y delicada acción del ojo”.

 

José Watanabe, Animal de invierno & otros 65 poemas sobre la naturaleza y sus criaturas, Bajo la Luna, 2019, 92 pág.

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